lunes, 27 de octubre de 2014

Un camino radiante en Barcelona

(Esta entrada la escribí hace unos días...)

Hoy tengo en mis manos un libro muy especial. Cuando me han explicado la historia me ha parecido bonita pero a medida que caminaba con él contra el pecho, me he dado cuenta de lo especial que era. Parecía completamente integrado en el lugar, el barrio, la ciudad y su portada, a la vez, me traslada a un Londres pasado.

Empezaré por el principio: hace tiempo, ya no recuerdo cuanto, leí La piedra de moler de Margaret Drabble, que poco después y sin releerlo todavía, se convirtió en uno de mis favoritos. No he comentado casi nada de él por aquí porque es un libro tan intimo que cuesta. Más allá de eso, apunté toda la bibliografía de su autora en mi wishlist.

Tiempo después, compré otra de sus primeras novelas en inglés, Jerusalem the Golden y echee un vistazo en el catálogo de Bibliotecas de Barcelona, en busca de alguna otra obra traducida. La única estaba traducida en 1992 y solo estaba ya en la biblioteca pública de Barberá del Valles. No sabía cuando podría leerla (o tendría ganas, que a veces es lo mismo) así que esperé.

Hace poco, descubrí que otra biblioteca tenía un ejemplar en su catálogo. Desconocía como habría llegado hasta allí pero mis ganas de leer a Drabble han vuelto a aumentar así que no podía esperar mucho más.

Ayer empecé a trabajar en la biblioteca donde se encontraba este misterioso nuevo ejemplar así pues, hoy he preguntado por la donación Isabel Nuñez, buscando Un camino radiante. Y he descubierto la historia que se esconde detrás de ella. Una historia triste pero que me ha acercado a una escritora que no he tenido el gusto de conocer y de la que una parte de su biblioteca particular ha acabado engrosando los estantes de otra biblioteca, en la que estoy estos días. Muchos ejemplares tienen el pequeño ex libris de Isabel así que sabemos de dónde salieron y que ella los disfrutó. Y que ahora libros como El camino radiante, La chaise-longue victoriana, El balneario de Battle Creek pueden ser prestados en cualquier momento. Pero, trabajando en el fondo y descubriendo todos los libros de su biblioteca personal, pequeñas maravillas no demasiado conocidas o algunos de mis libros favoritos, pienso en que me habría encantado conocerla y tener una buena conversación sobre nuestros favoritos.

Al cerrar, me dirigía a coger el autobús cuando me dí cuenta de que la portada londinense de aquel ejemplar la asociaría ya siempre a Sant Gervasi y sentí algo que no sabría como explicar. Cosas que suelen pasar cuando asocias un libro, una historia a una ciudad.

P.D. Isabel Nuñez llevaba un blog que todavía está abierto. Además de apuntes interesantísimos sobre literatura y cine, la última entrada que escribió, ya muy enferma, hiela la sangre.

http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.com.es/