lunes, 22 de septiembre de 2014

North England & Edinburgh Tour: Road to Haworth



Como vuestros deseos son órdenes, nos vamos a Haworth primero. Y después tendremos otros lugares para visitar. Perdonad que haya tardado tanto en escribir sobre el viaje y empezar a publicar las crónicas, este mes estoy trabajando a destajo y después de pasarme el día sentada delante de un ordenador no me apetece ponerme con él en casa. Pero tengo un par de entradas más a medias, lo que no sé es cuando podré acabarlas. En fin... a Haworth.

Haworth, Haworth... Habíamos planeado acercarnos el día anterior pero por causas de fuerza mayor tuvimos que dejarlo para el viernes. Ya íbamos informadas, gracias a Cristina, que llegar no es fácil y no hay ningún camino directo para ir de York a Haworth. Así que nos levantamos temprano, nos abrigamos mucho (no podemos olvidar que las hermanas Brontë murieron de tuberculosis) y nos fuimos caminando hasta la estación.

Para llegar a Haworth desde York, hay que coger un tren a Keighley (pronúnciese Kizzley) para el que hay que hay que cambiar de tren en Leeds. De York a Leeds hay trenes cada diez minutos, más o menos, pero los de Keighley pasan más espaciados así que en ocasiones hay que esperar un rato. Pero el viaje no acaba en Keighley: al llegar hay que desplazarse a la estación de autobuses, escondida dentro de un centro comercial, y coger un autobús que te deja al pie de la famosa calle principal de Haworth, Main Street. A partir de ahí, el ritmo se lo marca cada uno: sí, es empinadísima, pero cualquiera que esté acostumbrado a las cuestas puede con ella.

¿Se nota que el Tour de Francia pasó por Haworth?

Nosotras lo tuvimos bastante fácil para llegar, excepto en el tramo que hay que recorrer caminando en Keighley: no sabíamos que estaba tan apartada ni que se ubicaba dentro de un centro comercial. Suerte que nos tropezamos con un hombre mayor que, por casualidad, se dirigía precisamente allá y había vivido una temporada en España. Y después, en el autobús, nos ayudó una señora que había bajado a comprar a la ciudad y se bajaba en la misma parada que nosotras, eso sí, tenía un acento Joseph, vamos, cerrado de Yorkshire que tiraba hacia atrás. Pero todos los que nos ayudaron fueron encantadores. Y, por cierto, lo he comentado en el grupo pero me reitero: Keighley es la ciudad que menos me ha gustado de todas las que he visto en Inglaterra.

Entrando en territorio Brontë en Keighley. 


La famosa Main Street de Haworth, la cuesta no es tan infernal como parece. 
Al empezar a subir por Main Street, flotaba en el aire una sensación parecida a la de recorrer un lugar familiar pero en el que no has estado nunca. Incluso algunos vecinos nos saludaban a medida que nos acercábamos, con la mano, como si ya nos hubiéramos visto antes. No sé, lo encontré muy entrañable. Quizá en una vida anterior viví en Haworth.

Otro detalle que nos sorprendió fue lo cerca que estaba todo. Me explico: leyendo cualquier biografía, recorres todos los lugares que formaban parte de su cotidianidad y los imaginas cerca pero no tanto. En una misma calle tienes la rectoría, la iglesia y la escuela parroquial. Solo giras por otra calle y encuentras todas las tabernas por las que Branwell se paseaba e incluso la farmacia donde compraba sus dosis de opio. No creo que a paso lento llegara a sobrepasar los 3 minutos.



En nuestro camino, nos encontramos primero con la iglesia de Haworth que ¡atención! no es la misma en que Patrick Brontë daba sus sermones. La iglesia antigua fue derruida para construir una nueva en 1879 pero tiene una capilla en el lado derecho dedicada a la familia Brontë, donde están enterrados todos, excepto Anne (que está en Scarborough) y a la izquierda puedes ver la placa dedicada a William Weightman, amigo de la familia que les enviaba felicitaciones de San Valentín a todas. Debo decir que se me escurrió una lágrima al ver sus tumbas y no sería la única del día. ¡Ah! Y si alguna vez vais por allí, haced un pequeño donativo. La iglesia tiene sus problemas, grietas y falta de presupuesto, así que ayudáis a que otros admiradores de las Brontë puedan verla en el futuro.



Añadir leyenda

La famosa placa de entrada al museo. Es tan bonita que me la llevé en tote bag. 
Explicar las sensaciones que me produjo la rectoría, el ver dónde y cómo viviían las hermanas Brontë es algo difícil de explicar. En primer lugar, porque desmonta el mito de las Brontë, ese famoso mito que la propia Charlotte alimentó y que la biografía de Elizabeth Gaskell contribuyó a forjar. La rectoría parece una casa normal victoriana con su salón, su estudio (que era el de Patrick Brontë), su reloj de cuco en las escaleras y que cada noche daba cuerda antes de decirle a sus hijas que no se quedaran hasta tarde. Sus camas con dosel, sus libros... todo es como imaginamos un hogar victoriano de clase media. En muchos detalles me recordó a la casa museo de Charles Dickens en Bloomsbury.



Las habitaciones están restauradas conforme a cómo era la casa en la época en que Charlotte se casó con Arthur Bell Nicholls. Los colores de las paredes, las cortinas (algo que Patrick Brontë nunca había permitido antes por miedo a los incendios) pero antes ya había sufrido muchos cambios, sobre todo en la parte superior. La habitación de los niños es pequeñísima y resulta imposible creer que en ella hubieran dormido más de dos. Pero si piensas que era mucho más grande antes, suspiras de alivio. Y piensas que allí las tres hermanas y Branwell imaginaron sus primeras historias y suspiras más.

En la habitación de Charlotte es donde hay más objetos que les pertenecieron y que inevitablemente, hacen que vuelva a escaparse una lágrima. Cristina ya había comentado lo pequeña que era Charlotte pero ¡es que era más pequeña que yo! O ver la caperuza que su amiga Margaret Wooler había hecho para el hijo que Charlotte nunca llegó a tener y se te saltan las lágrimas de nuevo. Sí, tuvieron una vida muy triste y muy mala suerte. Y acontecimientos como el perder a su madre y a sus hermanas cuando eran tan pequeñas, moldea el carácter de una manera diferente a como habrían podido ser si hubiesen sido una familia feliz y nadie hubiera muerto así que las entiendo. Además, la espada de Damocles de un padre con mala salud que podría morir en cualquier momento, les añadía presión.

La habitación de los niños, posteriormente la habitación de Emily. 

Y al final de la rectoría nos encontramos una sala que fue añadida por el siguiente rector de Haworth y que ahora es la sala Bonnell, uno de los mayores coleccionistas de objetos relacionados con las Brontë. Bonnell, en su testamento, dejo su enorme colección a la Brontë Society con el fin de que otros coleccionistas se animarán a hacer lo mismo. En ella hay una exposición que explica la vida de las Brontë cronológicamente a través de objetos personales, algunos de ellos muy conocidos, pero también hay otros que sorprenden: el ejemplar de Jane Eyre que Patrick Brontë envió a uno de sus hermanos para enseñarle lo orgulloso que estaba de la obra de Charlotte o la guía de conversación que escribió para Charlotte y Emily cuando fueron a estudiar a Bruselas. Siempre me ha caído muy bien Patrick, a pesar de sus excentricidades, y es que me atraen las personalidades fuera de lo común.

Bajando unas escaleras, pudimos ver la exposición temporal que cambia anualmente. La de este 2014 está dedicada a la relación de las Brontë con los animales, con los suyos propios y con los de sus novelas. Y de ahí entramos en la tienda que, no es tan espectacular como la de la casa de Jane Austen en Chawton, pero también tiene su qué. Vine con menos libros de los esperados pero algunos muy interesantes que ya estoy leyendo o he leído: por ejemplo, el de In the Footsteps of the Brontës que ya comenté, el de Brontë Relics que causaba furor cuando lo sacaba en el autobús para ir a trabajar (todo el mundo mirando el título) o otro sobre la rectoria y su historia, que espero que sea una de mis próximas lecturas.

Y, después de ver la rectoría, pudimos disfrutar de las dos librerías de segunda mano que hay en la calle principal. Incluso de una que siempre me comenta Cristina que nunca han podido pisar porque solo abre 3 días a la semana. La encontramos abierta por casualidad. Tuve que dejar allá una edición maravillosa de las cartas de Elizabeth Gaskell y también una edición ilustrada de Cranford preciosa pero la tienda, a pesar de ser muy pequeña, estaba cargada de maravillas relacionadas con las Brontë. Incluso tenían láminas en las estanterías de The British Character de Pont. En la otra, de la cual aquí veis el escaparate, encontré dos libros de la colección English Journeys de Penguin que me faltaban así que salí encantada.



Y después, con las alforjas bien cargadas, nos dirigimos a ese maravilloso lugar del que tanto hemos oído hablar y que aun no conocíamos: los páramos. Ya habíamos contemplado detalles de las vistas desde el pueblo pero esto era increíble. Y al lado del camino encontrabas bancos de madera para descansar o en el caso de que la inspiración se presentara sin avisar, todos enfocados a tener una vista aun mejor de los páramos. Teníamos intención de llegar hasta Top Withens, la granja elizabetiana que inspiró a Emily para escribir Cumbres Borrascosas pero a mitad del camino, sin alcanzar ni siquiera las Brontëfalls, tuvimos que dar la vuelta. Nos esperamos hasta el final para hacer el paseo y casi se nos olvida que teníamos que volver. Si no les pedimos alojamiento a las cabras que había por allí comiendo y que muy gentilmente posaron para nosotras. Deben estar acostumbradísimas a las fotos.

Posando delante de la cámara como si lo llevara haciendo toda la vida. Tiene estilo :P


Heathcliff Street, no podía llamarse de otra manera...

No lo encontramos tan bien señalado como nos habían contado: de hecho, nos perdimos y nos llamaron la atención por meternos en propiedad privada. Finalmente, acabé descubriendo como se debían sentir los victorianos cuando preguntaban por una dirección a alguien montado a caballo. No te hacen caso hasta que no gritas bien fuerte.




Ya en Barcelona, hablando del viaje, decidimos que haríamos algo especial mientras estuviéramos en los páramos. ¿Y qué mejor homenaje a Emily que leer su poesía? Así que mi faceta de amanuense se puso en marcha: durante unas semanas me dediqué a copiar en unas libretas todos los poemas de Emily que se han traducido en versión bilingüe para llevarlas. Me da algo de reparo llevar libros sacados de la biblioteca en un viaje, siempre se pueden perder... Y ya allí, mientras hacíamos paradas, aprovechabámos los bancos de madera maciza y leíamos en voz alta a Emily, dejando que sus palabras nos llenaran y se integraran con el paisaje que las vio nacer.


Fijándose mucho, todavía se veían algunas de las siluetas que hicieron en los páramos para el paso del Tour.
Una casa al borde de los páramos. 





Y cuando nos cansamos de caminar, dimos la vuelta con la promesa de volver algún día para acabar el recorrido y llegar a Top Withens. O como mínimo bajar a Stanbury. Todavía nos quedaba coger el autobús para volver a Keighley, coger el tren a Leeds y volver a York. Y ahí en la estación de Leeds experimentamos el primer retraso largo que he visto en un tren en Inglaterra: veinticinco minutos de más esperando el tren a York. Los ingleses se lo cogieron con mucha filosofía... Y ya en York, nos atrevimos (bueno, se atrevió P., yo no) a preguntar a una pareja algo que nos llamaba mucho la atención cada vez que paseábamos por la ciudad. Esto me lo reservo para la siguiente entrada donde os explicaré la historia completa...



¿Os ha gustado el paseo por Haworth?

Las fotos que he colgado son mías excepto las del interior de la rectoria, que pertenecen a la web de http://www.bronte.org.uk/museum-and-library. Ahí podéis ver el resto de habitaciones. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sobre la Primera Guerra Mundial


Leyendo las conclusiones de Magrat a su ciclo sobre la Primera Guerra Mundial, enseguida me entraron ganas de hacer uno a mi también. Me cuesta mucho ponerme a ver películas y/o series así que mi ciclo estará constituido sobre todo, por lecturas. Y de paso, aprovecharé para completar un poco más ese reto que me he propuesto para este año sobre el tema. ¿Cómo vais con él?



Al final me he decidido por leer:

- Los cañones de agosto, Barbara W. Tuchman. Narra los primeros días de la guerra.

- Adiós a todo eso, Robert Graves. Una autobiografía de Robert Graves, el autor de Yo Claudio, sobre su vida antes de marcharse de Inglaterra. Incluye su traumática experiencia en la guerra.

- Despertar, Anna Hope. Es mi lectura actual y está siendo un gran descubrimiento.  (EDITADO antes de subirla: Esto ha perdido mucho fuelle)

- Testament of Youth, Vera Brittain. Brittain fue enfermera durante de la guerra. Por fin este año me lo he traído de York.

- Los favores de la fortuna, Frederic Manning. ¿Recordáis que os hablé de ella en la lista de recomendaciones? Hace unos meses, Sajalín la ha publicado en castellano con este título.

- La Gran Guerra y la memoria moderna, Paul Fussell. Un ensayo fabuloso que enlaza literatura y guerra.

- Probablemente algo de poesía. Tengo a Edward Thomas sobre mi mesita desde hace tiempo pero también me apetece leer a Sassoon, Owen o Rupert Brooke. ¿Sabe alguien de poetas de otras nacionalidades que combatieran?

- Regeneración, Par Barket. Si se deciden a sacarlo algún día en castellano. ¡Animo Galaxia Gutenberg podéis hacerlo! (¡NOTICIA! 17 de septiembre en librerías)

- El dolor y la belleza, Peter Englund.

- El retorno del soldado, Rebecca West.

- El mundo de ayer, Stefan Zweig.

- Follies Bergiere, Zidrou & ... Una incorporación de última hora: hace unos días pedí por Préstamo Ínter bibliotecario un par de comics de Zidrou y este era el que menos me llamaba (lo hice sin saber ni de que iban). Al llegar me sorprendí muchísimo porque no esperaba este tema para nada. Habla sobre un grupo de soldados franceses en las trincheras.

Si hablamos de series o películas me apetece mucho ver:

- La gran ilusión (1937) de Jean Renoir. Aunque no tiene mérito porque es una de mis favoritas y me apetece revisitarla siempre.

- Blackadder Goes Forth, la cuarta serie de L' escurçó negre, dedicada a la Primera Guerra Mundial y que tiene uno de los finales más antibelicistas que he visto. Además, ahora que un miembro del gobierno de David Cameron lo ha criticado públicamente, es más subversivo todavía.

- The Village. Al menos, la primera temporada está muy relacionada con la Gran Guerra.

Al ser lecturas, irá para largo y lo haré con mucha calma. Nos quedan 4 años más de conmemoración ¿no? Y por supuesto, si alguna lectura más llega a casa con ganas de ser leída, la añadiré a la lista.

¿Alguien se anima?


P.D. La siguiente entrada, sí, prometido, nos llevará a Haworth.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Leyendo las 7 diferencias: In the Footsteps of the Brontës, Mark Davis & Ann Dinsdale





En los dos últimos viajes a Inglaterra he comprado dos libros diferentes de la misma serie. No os emocionéis: no es una saga ni juvenil ni literaria ni nada que se le parezca. Son libros de fotografías, esas fotos que nos enseñan como era un lugar en el pasado y cómo es ahora. Es jugar a las siete diferencias con fotos victorianas y eduardianas y actuales.

El año pasado compré mi primer Through Time en el Museum of London. Me decidí por un barrio que conozco bastante bien y así podía reconocer las imágenes actuales y ver su pasado, Bloomsbury. Y lo cierto es que disfruté muchísimo viendo cómo había cambiado el barrio. No tenía solo fotos antiguas, algunas eran de los 50, pero explicaba muy bien cómo ha cambiado arquitectó

Este año no me he centrado exactamente en un pueblo o ciudad, si no en seguir los pasos de las Brontë en Inglaterra. No solo nos enseña Haworth, también vemos las casas donde trabajaron como institutrices, las de sus amigas, los lugares donde se alojaron (porque las Bronte viajaban ¿eh?)... incluso la casa donde nacieron y los lugares donde su padre predicó antes de llegar a Haworth.

Algunas fotografías me han sorprendido: sorprende saber que los niños fueron de vacaciones a casa de su tío John Fennell acompañados de la tía Branwell y donde Charlotte escribió la primera carta que se le conoce. O también visitaron Bolton Abbey, unas ruinas espectaculares que hay en el West Yorkshire. Todo esto al estilo de unas vacaciones familiares como las que solemos hacer nosotros y que imaginar en los Brontë nos parece completamente irreal. De hecho, en Haworth me cambió bastante la visión que tenía acerca de ellas y ver estas fotos solo ha hecho que confirmar mis impresiones.
Bolton Abbey: ¿no os parece un lugar muy brontëano de por sí?

En el libro también hay varias fotos de los páramos, que cualquier lector asocia enseguida a Emily, pero también de ciudades del norte que a primera vista no se asocian a ellas. Uno de ellos es York. Imaginaos mi cara al descubrir que Charlotte y Anne habían viajado a York y se habían alojado en una posada situada en el centro histórico. Incluso Anne había hecho de guía en la catedral para su hermana y Ellen Nussey. Del edificio ya no queda nada pero hay una placa que recuerda el hecho muy cerca de Waterstones. Y nosotras sin saberlo.

Pero lugares que enseguida asociamos a las hermanas Brontë no pueden faltar en el libro. Está Haworth, del que ya os explicaré más cosas cuando publique la crónica del viaje, con su iglesia de St. Michael, la escuela parroquial donde enseñaba Charlotte los domingos y donde celebró una comida multitudinaria para celebrar su boda, el cementerio, tocando al jardín de la rectoria, que no puede faltar en cualquier recorrido, muy al norte del pueblo, en un extremo, justo donde comienzan los páramos. O la ruta de la perdición de Branwell, tan cerca de la iglesia que sorprende. No puedo explicaros mucho más del libro sin contar la experiencia del viaje así que tendréis que esperar unos días. Eso sí, vuelvo a preguntar: ¿queréis que la narración sea cronológica o nos vamos a Haworth primero? Me encantaría volver.

Las hermanas Brontë en el jardín de la rectoría


viernes, 5 de septiembre de 2014

Tengo una nueva debilidad: Ivo Andric (Minireseña)

Entre todos los libros que me llevé de la biblioteca en julio, hay uno que cogí por casualidad y que me ha dejado con ganas de más. ¿El título? El pati maleït o El lugar maldito en la edición castellana que publicó Caralt hace muchos años y que me imagino estará descatalogada. El autor es Ivo Andric, premio Nobel de Literatura en 1961.



El pati maleït es una novela corta, que apenas supera el centenar de páginas, pero que fue escogida la mejor novela serbia por los escritores del susodicho país. Nos remite a un rincón de Bosnia donde acaba de morir un fraile católico. Allí, uno de sus compañeros, recuerda las historias que le explicaba sobre los años que pasó encerrado en una cárcel de Constantinopla. Las narraciones orales nos trasladan de lugar en lugar, desde ese monasterio nevado donde comienza la historia a Anatolia, Grecia...  como si el fraile fuera la mismísima Sherezade. 

Y son cien páginas, sí, pero mantienen toda tu atención y desearías que hubiese más. Un pequeño libro que os animo a descubrir. Me ha dejado con muchas ganas de más Andric (lleva acento el la c pero no tengo ni idea de cómo ponerlo). De momento ya me he comprado Crónica de Travnik porque su gran clásico El puente sobre el Drina no he sido capaz de encontrarlo. 

Andric ya era gafapastil antes de la llegada de los gafapastas.

P.D. Este mes no habrá la típica sección ¿Qué he leído en...? Entre el trabajo y que todavía tengo la cabeza en Gran Bretaña, no hay manera. A principios de octubre habrá ración doble. Con lo que estoy muy puesta es en el escribir las crónicas del viaje. Dentro de poco tendréis la primera pero antes os pregunto
¿cuál queréis primero? ¿Las hago por orden cronológico o me paso directamente a Haworth?