lunes, 28 de abril de 2014

Period Drama Tag Marzo

Y ya tocaba continuar con los period drama tag. En este caso he saltado a marzo directamente y en principio, esta misma semana tendréis también las preguntas de abril contestadas. Empezamos ya:

Magrat:


... ¿qué period dramas has visto en febrero?

Mi fondo de escritorio durante muchos meses ^_^

Cronológicamente, revisioné otra vez Jane Eyre, la versión de 2011, que creo que es la que más he visto; vi La voz dormida y sorprendentemente, me gustó mucho. Tengo que decir que mi problema para verla era con los actores, sobretodo con María León (no la soporto, es más fuerte que yo), para nada con la Guerra Civil. Por otro lado, empecé a ver muy tranquilamente The White Queen, que se ha extendido por febrero, marzo y abril (puede que llegué a mayo si continuo porque me he atascado en el final del capítulo ocho y estoy tan cabreada con un personaje en concreto que no sé si seguiré).

- Cuando decides leer algún clásico ¿tienes en cuenta la nacionalidad de su autor? ¿Diferencias entre literatura inglesa, rusa, francesa o española? ¿Cuál es tu preferida? ¿Alguna manía?

Desde que era una niña, mi favorita ha sido siempre la literatura inglesa. Leía Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, El viento en los saúces, El seto de las zarzas y otras muchas desde que aprendí a leer, algo que ya hacía cuando pise el preescolar. A los siete años empecé con Dickens y poco después llegó a mi vida la autora que me hizo interesarme por las escritoras inglesas del siglo XIX y a la que nunca le podré agradecer lo suficiente, Emily Brontë. Jane Austen fue la última en llegar, prácticamente.
Por lo tanto, leer literatura inglesa es como volver a casa. En cuanto a literatura americana, hay un lugar, clásico en sus novelas, que me chifla desde que era niña aunque parece que no me pega demasiado: la literatura ambientada en el Mississippi y sus alrededores. Tengo una conexión con ella muy similar a la inglesa desde que descubrí a Huckleberry Finn de niña.

Lo he sacado de http://www.twainquotes.com . 


He aprendido a amar la literatura francesa, rusa e italiana a medida que he ido leyendo y ya llevo unos cuantos años. Tengo unos cuantos autores favoritos y otros que no me llaman demasiado... Quizá de literatura española es la que menos he leído: recuerdo que siempre he leído más de clásicos de la literatura catalana que no españoles. De hecho, de literatura española, quitando El Quijote, El lazarillo de Tormes (mi favorito) , Calderón (otro que me encanta) y poco más, no he leído nada más. Ni siquiera por gusto... siempre he asociado la literatura española como demasiado árida, además de que mi falta de afinidad con el 99% de los personajes y la manera de narrar es abrumadora. Sé que hay cosas que me sorprenderían pero en ese sentido voy muy a ciegas.
Pero en resumen: sé lo que me puedo encontrar según la nacionalidad del autor al que lea. Y sé que además de los ingleses, mis hogar literario estará en mis autores favoritos. Por lo tanto, seguiré probando y descubriendo la manera de escribir de los autores que me llamen la atención,  tengan la nacionalidad que tengan.


- ¿Cuál es el autor (clásico) del que más número de obras has leído?

Creo que los number 1 son Jane Austen y Charles Dickens. De Jane lo he leído todo excepto un par de novelas cortas de sus obras de adolescencia y la obra de teatro que escribió adaptando Sir Charles Grandison de Richardson. Además, aunque no sean técnicamente de ella, he le´dio varias biografías y volúmenes de cartas, no solo el de la editorial DeÉpoca. Mi favorita sigue siendo la de Claire Tomalin. Un día de estos os hablaré de las biografías que he leído de ella porque así solas se lo valen.

www.visitbritain.com 


En cambio, Charles Dickens fue el primer autor británico del que me enamoré. Empecé a leer libros suyos con siete años (las clasificaciones de edades de los libros no iban con nosotros jajajajaja) pero desde los 3 o 4 años ya sabía de sus historias porque había visto algunas adaptaciones. Ya ni sé exactamente cuáles me quedan por leer pero creo que habré leído el 80 o el 85% de su obra.


Polly:


- Si pudieras nominar el vestuario de tres películas o series y premiar a uno de ellos ¿a cuál destacarías?

Me suele fascinar el diseño de vestuario de películas orientales de época, estilo Memorias de una geisha, El último emperador, La casa de las dagas voladoras... pero también el de las películas occidentales de época así que haré un esfuerzo y me centraré en occidente.

Anna Karenina. La última versión, la de 2012.



Elizabeth: La edad de oro. Me gusta mucho más la primera parte pero he de reconocer que el vestuario de ésta es espectacular. No solo los vestidos que luce Elizabeth, también los de sus damas de honor y el resto de la corte son impresionantes.



Bright Star. Más que ser un vestuario que destaque por su grandiosidad, me gusta por que es elegante y sencillo. Además, luce muy bien gracias a la fotografía.


Y soy completamente incapaz de elegir una, lo siento.

- ¿Cuál es tu malo de pantalla favorito?

Quizá mi malo favorito, al menos en cuanto a la película, es Drácula, el de la película de Coppola. Me chifla. Sabes que es malvado pero hay algo de él que te dice que no acaba de ser así. Pero creo que el límite de la maldad es difícil de establecer: por ejemplo, como malo de serie de TV, me gusta mucho Thomas de Downton Abbey que también tiene sus momentos...
Y Ricardo III interpretado por Ian McKellen en la película del mismo nombre... Otra maravilla.




- Comentanos algo sobre period dramas que creas que nadie o muy poquita gente sepa.

Teniendo en cuenta que soy la última que se entera de todo, a lo mejor ya es vox populi...
El año que viene, continuando con los actos de recordatorio de la Primera Guerra Mundial, estrenarán la adaptación al cine de Testament of Youth, uno de los mejores libros sobre la época basado en las memorias como enfermera de Vera Brittain. La protagonista será Alicia Vikander (Kitty en Anna Karenina). En el reparto también estarán Kit Harington (¿qué hemos hecho para merecer esto?), Emily Watson, Dominic West (los padres de Vera) y Hayley Atwell. Lo descubrí gracias a la revista de historia de la BBC, de la que compré un número en la British Library, y en el interior había el anuncio gracias a una conferencia sobre la guerra de Mark Bostridge, asesor histórico de la película.


La pregunta de The Classics Club:

- ¿Cuál es tu período clásico literario y por qué?

Después de mucho pensarlo, creo que tengo dos favoritos, si dejo aparte el XIX: el siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XX. El siglo XVIII me gusta porque está lleno de contradicciones, personajes grotescos pero a la vez, divertidos. Disfruto mucho de su sentido del humor del que Jane Austen sería una continuadora pero que no fue mucho más allá si nos centramos en la literatura. Además, es un período histórico muy interesante: podría decirse que bailan al borde del precipicio, continúan con sus vidas en un mundo decadente que está a punto de pasar a la historia.

Teniendo en cuenta que estoy leyendo su biografía, la duquesa de Devonshire era el mejor ejemplo
Por otro lado, las primeras décadas del siglo XX están llenas de cambios: la lucha por el voto de las mujeres, la incorporación al mundo del trabajo, la guerra (sí, soy un poco bélica, que dirían en mi casa), las innovaciones, etc.

viernes, 25 de abril de 2014

IMM 34. Sant Jordi 2014

Y como lo prometido es deuda, aquí tenéis otro In My Mailbox, el número 34, Sant Jordi. Es el 34 porque el 32 (Londres) y el 33 (marzo y abril) están a medio hacer y no quiero saturar a nadie.

Primero de todo la foto. La de este año no es muy lúcida: en cuanto ha visto que iba a hacer fotos de libros, Titi se ha apuntado a posar, que ya sabéis como le gusta, pero lo que más le ha gustado al final es mordisquear las hojas de las rosas. No sabéis lo difícil que es hacer una foto con libros, rosas y gata que se quiere comer las rosas así que la calidad ha bajado un poquito. Sorry.



- Edimburgo. Notas pintorescas, Robert Louis Stevenson. Cotilleando guías turísticas en Altaïr (ya tenemos el viaje de agosto decidido) apareció este librito que escribió Stevenson sobre su ciudad natal. No me pude resistir porque es uno de nuestros destinos vacacionales del año.

- William - An Englishman, Cicely Hamilton. El primer ejemplar de Persephone Books que compró en Barcelona (al escribir esto he recordado que ya compré otro hace años, pero de segunda mano, en Hibernian Books). Me ha hecho mucha ilusión encontrar en una de las librerías que visito de tanto en tanto, Come-In, algunos libros de esta editorial que, ya sabéis, que me entusiasma. Este es muy adecuado para este 2014 puesto que habla de la Primera Guerra Mundial, sufragismo y luchas sociales.

- Fangirl, Rainbow Rowell. Tanto éste como William no cayeron ayer si no que hace ya unos días que los tengo entre manos. Todavía no he leído Eleanor & Park pero he visto buenas críticas de éste así que...

- La edad de la inocencia, Edith Wharton. Por una vez me he hecho con un libro que ya estaba en mis estanterías. No lo había leído todavía así que no podría apostar por el coleccionismo que me posee con mis libros favoritos. ¿La razón? No soy capaz de leer el mío. Tiene la letra más pequeña que los ejemplares de bolsillo de Juego de tronos así que estaréis de acuerdo conmigo en que mejor conservar la vista...

- Charlotte Gray, Sebastian Faulks. ¡Locura! Aquí sí que me poseyó la locura. Es un libro que buscaba desde hace años en castellano o catalán puesto que lo editaron cuando se estrenó la película pero que desapareció de las librerías en un suspiro. Ayer, paseando por la Rambla, lo vi en una parada de Libros solidarios. No hace falta decir que me volví loca y lo compré enseguida, antes de que desapareciera de mis manos otra vez. Y baratísimo.

- El unicornio, Iris Murdoch. Novela gótica firmada por una de mis autoras inglesas favoritas. Por lo que me han comentado, con esta novela se desmarca del estilo de sus novelas y se va a la Irlanda de su infancia para narrar una historia que se podría enmarcar dentro del género clásico de la novela gótica. Estoy deseando leerla.

- El paradís perdut (El paraíso perdido), John Milton. La joya de la corona. Para los que no hayáis oído hablar de él, decir que es un inmenso poema de casi mil páginas sobre la caída de Lucifer. No me he vuelto loca, es un libro que tenía en mi lista desde hace años y que siempre he querido leer. Además, lo tengo en mi lista de The Classics Club.

Eso es todo y ya es mucho. Y a vosotros ¿os han regalado libros por Sant Jordi? ¿O habéis optado por ir a buscarlos vosotros mismos a la librería?

miércoles, 23 de abril de 2014

IMM 29, 30 y 31. Noviembre, diciembre, enero y febrero

¡Feliz Sant Jordi y/o Día del Libro para los que viváis fuera de Cataluña!

Para celebrar este día, se me ha ocurrido hacer una superentrada con los IMM que faltan hasta el de Londres. Como comprenderéis, ese será enorme ;)

Me quedé a mediados de noviembre. En este tenemos el IMM 29 (finales de noviembre y diciembre), el IMM 30 (Navidad y Reyes) y el 31 (enero y la mayor parte de febrero). Hay todo tipo de libros, entre ellos unos cuantos sobre la Primera Guerra Mundial, pero también novedades de literatura británica que creo que os pueden gustar y podéis tomar como recomendaciones.



- Pequeño, grande. John Crowley. Una de esas ofertas que no puedes dejar escapar. La llevaba buscando un tiempo y una tarde, al entrar en Gigamesh, la encontré en la sección de ofertas. Una historia mágica de la que me han hablado muy, muy bien.



- El último septiembre, Elizabeth Bowen. Es un libro de Bowen que me llama especialmente la atención. Ya os contaré a pesar de que no he visto muy buenas críticas por ahí.

- 84, Charing Cross Road, Helene Hanff. Edición limitada. Me estoy convirtiendo en una coleccionista de ediciones de Helene Hanff pero, en mi defensa, diré que todavía no la tenía en castellano.

- El meu món de poesia, Joana Raspall. Raspall es una poetisa catalana (en especial, de poesía infantil pero sobre muchos más temas) cuyo centenario fue este 2013. Justo al acabar los actos de su centenario murió y el mismo día me acerqué a Pròleg, la librería de mujeres de Barcelona, a buscar un ejemplar de su poesía.

- Monsieur Proust, Céleste Albaret.



- La casa y el cerebro, Edward Bulwer Lytton. ¡Gracias Impedimenta!

- Antología poética, WB. Yeats. Algún día me tenía que estrenar con Yeats ;)

- Dirección Brooklyn, Hilario Barrero. El año pasado compré el último volumen de los diarios de Nueva York de Barrero. Me faltan los cuatro anteriores así que por fin, me decidí a ir buscando gracias a Amazon y encontré éste. Pronto me haré con los 3 primeros pero creo que empezaré a leer por el quinto.

- Reinos desaparecidos, Norman Davies. Un libro cachalote sobre historia y reinos que ya no existen pero forman parte de la historia de Europa. Interesantísimo, tanto que mi madre ya se ha apoderado de él y por eso no lo tenéis en la foto.

- Embarquen por la biblioteca. Una aproximación a los viajes literarios, Jesús Arana Palacios. Un libro sobre viajes literarios, o mejor dicho, peregrinaciones literarias. Rendir culto a nuestros autores favoritos... Ya lo he leído pero no le reseñaré hasta que no lea otro libro que tengo en el torreón de espera sobre el mismo tema y que casualmente, aquí mencionan como bibliografía.

- La herencia viva de los clásicos, Mary Beard. No sabía que se había publicado en España pero el mundo grecorromano es un tema que me apasiona. Y más si me hablan de historia, literatura, etc. Además, es de los de portada suave, Penguin no es la única editorial que hace portadas suaves, Crítica también...


A partir de aquí encontramos la lista de los cuatro libros que vinieron con los Reyes Magos que. ya me han dicho, que no vuelva a pedir libros tan gordos que luego acaban jorobados.


- Los hermanos Karamazov, Fiodor Dostoievski.

- Historia de la Primera Guerra Mundial: 1914-1918, David Stevenson.

- 1914. El año de la catástrofe. Max Hastings.

- El mono blanco, John Galsworthy. ¡Por fin se publican los Forsyte en España!


- Crónica de la guerra europea. Vicente Blasco Ibáñez.

- Cuando dos y dos son cinco, Somerville & Ross. Aunque hay otro libro de Somerville & Ross que si lo encuentro, tendrá prioridad sobre éste, desde que descubrí que lo adaptaron en una serie de la BBC durante los 70, tuve ganas de leerlo.

- La vida secreta de Walter Mitty, James Thurber.



- Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh. Waugh no es santo de mi devoción y lo cierto es que cuando leí Retorno a Brideshead hace años no me convenció pero... es un regalo y con Ben Whishaw en la portada. Veremos qué hago.

- Curso de literatura rusa, Vladimir Nabokov. Si os apetece leer cómo interpretaba Nabokov las obras de sus compatriotas, buscad esta edición: de bolsillo y muy manejable. Y una tercera parte más barata que la de tapa dura.

- Novelas y novelistas, Harold Bloom.



- Cuentos de los Grimm, Philip Pullman. Ya hacía tiempo que me llamaba pero una visita a la FNAC me convenció del todo. Cuentos más novelados que de costumbre y de dónde vienen, algo que no siempre se tiene en cuenta.

- La crisis mundial 1911-1918 , Winston Churchill. Un libro sobre la PGM y escrito por Churchill, no podía perdérmelo. La Primera Guerra no fue tan positiva para la imagen de Churchill como la Segunda así que me apetece leer sobre el tema.

- Mary Poppins, P.L. Travers. Al final Magrat me ha convencido y compré la nueva edición de Alianza, con las ilustraciones originales y una edición muy cuidada. Solo me falta leerlo.

- De París a Monastir, Gaziel.

- Ochenta días, Matthew Goodman. Este libro fue una casualidad: el libro adecuado en el momento adecuado y ni siquiera lo tenía en mi wishlist. Acababa de leer sobre su protagonista en otro libro que leía en ese momento... Os explicaré más cuando lo lea.



- Sonámbulos, Christopher Clark. Por lo que he leído sobre él, promete dibujar el panorama europeo pre-guerra de una manera diferente, tenía que hacerme con él.

- El ansía de vagar. Luis Racionero, Alexis Racionero. Uno de esos ensayos sobre el viajar y sobre recuerdos de viajes a los que soy incapaz de resistirme. Ya he leído a Alexis Racionero, ahora solo me queda estrenarme con el padre.

- La belleza y el dolor de la batalla, Peter Englund.

- Moon Tiger, Penelope Lively.

- El principio de la sabiduría, Henry Handel Richardson.

Y esto es todo por ahora hasta el próximo In My Mailbox que será el londinense y que ya os aviso que será enorme. Si visteis la foto que colgó Guacimara por Instagram os podréis hacer una idea ;)  Eso sí, como cada año, mañana o pasado tendréis una imagen de mis libros de Sant Jordi.

lunes, 21 de abril de 2014

Walking in London 2014 (III)

Esta vez voy a empezar haciendo un pequeño retroceso en el tiempo... El miércoles por la noche, en el tiempo de la BBC avisaron de que no esquivaría la lluvia un día más. Vamos, que el jueves iba a llover que daba gusto y no me olvidara de las botas de agua. Qué gran error...

El día comenzó exactamente como el anterior: lluvia de madrugada y antes de desayunar pero después... nada de nada. Y yo todo el día con las botas de agua. Mi resfríado, el que me ha tenido tumbada estas últimas semanas, empezó aquí. 



Pero no adelantemos acontecimientos. Este día tenía pensado alejarme por una vez de las hordas de turistas que en febrero son casi inexistentes, solo turistas sueltos y por los lugares que me acostumbro a mover, no se ve ni un español a kilómetros. De hecho no vi ningún español hasta el sábado. Reincidiendo en aquello que os conté en la introducción. El lugar que había elegido es un lugar bastante popular entre los ingleses y aquellos que buscan música indie, no, en cambio, para aquellos que solo buscan los lugares más famosos de la ciudad. Me refiero a Hackney. Más bien, Hoxton puesto que en el camino atravesé los dos barrios. Hackney es uno de los barrios más de moda de la ciudad y Hoxton, en cambio, es uno de los que, históricamente, peor fama ha tenido. Yo iba hacia este sitio tan bonito del que os hablé durante la Readathon de Isi, Geffrye Museum, el museo del mueble y de interiores de Londres que, justo este año, cumple su centenario.

Para ir a Geffrye Museum tenéis que bajar en Old Street o si vais en el Overground, en Hoxton, que te deja justo detrás del museo. Tiene más encanto bajar en la primera y así ver el barrio que últimamente se ha puesto tan de moda entre los hipsters pero que todavía, al leer sobre él, descubres que ha sido durante su larga existencia bastante violento. Ahora parece un barrio normal, quizá algo abandonado, pero bastante seguro y con curiosidades como ésta que, ahora que estoy metida de lleno en Shakespeare, me hizo mucha gracia. Eso sí, no iría de invitada ni loca a la Macbeth House. 




Por fuera, el Geffrye Museum parece una enorme fila de casas de la época de Jane Austen. En febrero está bastante apagado pero continúa siendo bonito. Lo que actualmente es el museo se construyó originalmente como una serie de casas que acogían a personas que tenían contactos o habían trabajado en la Ironmonger´s Company, la compañía de los ferreteros, y funcionó como tal durante los siglos XVIII y XIX. En sus salas se recorre cronológicamente la historia de Inglaterra a través de los muebles que amueblaban sus habitaciones pero lo mejor, es que reconstruye salas y habitaciones a partir de modelos reales de aquella época.



Finales del siglo XVII. Le hice muchas a este salón pero se ve que volví a coger mi principio de Parkinson...

Como os podéis imaginar, este salón es del siglo XVIII
Pequeños manuales del siglo XVIII para la vida doméstica


Ésta y la anterior son imágenes de una casa de la alta burguesía durante la Regencia. Cuando los sofás entraron en la vida de la gente de clase media ^_^
Los pláfones nos explican historias, detalles en las mesas o en los rincones. 
Más o menos, familia de clase media de 1870. 


Y, eso sí, me encontré con un par de escuelas haciendo una visita guiada y esta vez mientras estaba viendo la habitación de 1870, escuché las explicaciones de una de las guías a los niños. Y corroboro, me encanta el espíritu con que los niños se lo toman, preguntando, mirando las escenas con curiosidad y preguntando.



En medio de las habitaciones y sin venir a cuento, aparece la capilla de las Almshouses. En ella celebraban la misa de los domingos y se conserva como tal, aderezada con las explicaciones de las placas y los dibujos de un niño de 12 años que vivió a finales de la época victoriana en ellas y era hijo del rector, caricaturas de las señoras que vivían allí y se esforzaban en cantar los himnos. En la guía que compré explican su triste destino: como muchos otros jóvenes cayó en combate en la Primera Guerra Mundial. Su hermana escribió un diario con las vivencias de los últimos años en que la compañía de herreros tuvo allí sus Almshouses. Durante esos años, la violencia en Shoreditch había aumentado considerablemente y sus habitantes, en especial las damas, se veían insultados incluso cuando salían a los jardines. Así que, finalmente, se acabaron instalando otras almshouses en Kent y todos se marcharon allí, proceso judicial incluido.

Todo lo que os he contado acerca de las casas está explicado en un libro de historia que compré en la tienda del museo, el Geffrye Museum Almshouses. En el interior del museo hay una sala donde puedes consultar parte de los libros y revistas que tienen en su biblioteca, todo ello abierto a quien se quiera sentar a descansar un ratito o quien prefiera una consulta más amplia. Allí descubrí un libro muy interesante que, por suerte, tenían también en la tienda y que veréis pronto, en el IMM londinense.

Quizá me gustó más poder descubrir toda esta historia que el museo en sí, a pesar de que también me gustó mucho. Y me hubiera gustado poder pasear por el jardín que, ahora debe tener un aspecto mucho más florido que éste.


Y, si os apetece ir en un viaje, acordaos de consultar en su web por si coincidís con uno de los días que abren para visitas guiadas las reconstrucciones de las Almshouses, esas habitaciones en que vivían los pensionados. Han reconstruido dos, una al estilo georgiano y otra al victoriano, y se pueden visitar unas fechas concretas al mes, solo que hay que consultar cuáles son en la web. Como no, yo me quedé con las ganas.

Antes de entrar, había visto que, justo en la puerta de entrada, había una parada de autobús que llevaba hacia Liverpool Street y más allá. Para ahorrar tiempo, subí y bajé en la mismísima estación, en la que no había estado nunca. El resto del plan de aquel día incluía aquella zona, la City, lugar que siempre procuro pisar en cada uno de mis viajes porque me parece un lugar fascinante y del que todavía me queda mucho por descubrir.



Después de comer en una cafetería del interior de la enorme estación victoriana y de hacerme con un par de folletos para saber a qué horas exactamente salían los trenes para el aeropuerto del último día (mejor ser precavidas), comencé por St Botolph without Bishopsgate. Pequeñita y con un jardín encantador. Y con otro aliciente, estar al lado de una de las puertas antiguas de Londres, la de Bishopsgate. Desde que empecé a recorrer la City, he ido buscando poco a poco estas puertas, por las que se entraba y salía de la ciudad. No queda ninguna, claro está, pero me gusta imaginarlas allí, rodeadas de comerciantes, de hombres que partían de viaje, de espectadores de teatro, pues el Curtain y otros teatros isabelinos estaba fuera de las murallas, etc. Bishopsgate es una de las pocas que me faltaba y un rato después llegué a otra que tampoco había visto nunca, la de Aldgate, la más oriental de todas. Y junto a Moorgate, Newgate, Cripplegate, Bishopsgate, solo me faltan dos: Ludgate y Aldersgate. Quizá la próxima visita...



Más allá, siguiendo el camino hacia la siguiente, me tropecé sin haberlo planeado con Bevis Marks, la sinagoga de los judíos sefardíes españoles y portugueses en Londres. Lástima que llegué tarde por unos pocos minutos y el guapo guardia de la entrada me informó que ya solo estaba abierto el restaurante. Inciso: creo que si fuera inglesa iría a la iglesia semanalmente, no veas los partidazos que hay por ellas. En momentos en los que he estado cerca de una iglesia justo antes de la hora de misa, he entendido a Jane Austen y el por qué sus protagonistas acaban casadas con clergymen. En serio. Volviendo a la sinagoga, al final me quedé sin verla pero pienso volver a intentarlo. Y además, justo en su muro, es donde se encontraba la última puerta que os he comentado, la de Aldgate. Si algún día paseáis por la City buscad estos paneles azules, explicativos de la muralla. Suelen estar donde había una puerta o un fragmento de muralla.



Y finalmente, cuando ya empezaba a tener bastante frío, llegué a St Botolph Without Aldgate, justo en el límite con Whitechapel. Ahora es una iglesia de madera y piedra que destaca en el panorama visual de la ciudad y que protagoniza esta foto a la que no me pude resistir mientras esperaba el bus en la acera de enfrente.



Además, también es recordada como la iglesia de las prostitutas, en especial porque una de las víctima de Jack el destripador, Catherine Eddowes, fue vista por última vez en sus alrededores. Y porque las prostitutas la rondaban mucho en busca de clientela. Mucho antes de eso, Geoffrey Chaucer había vivido en una de sus habitaciones. Pero creo que, por encima de todo, es una iglesia acogedora. Como ya tenía bastante frío, decidí sentarme en el interior y leer un rato. Nadie me dijo nada. Entre eso, y los carteles que encontré, dando la bienvenida a todos aquellos que quisieran franquear sus muros, me sentí como en un refugio. Un refugio cálido y acogedor. Además, les interesa la genealogía y tenían números atrasados de una revista para hojear allí mismo.

Y, como excepción, no voy a hacer el tercer día completo puesto que hay mucho y os voy a dejar descansando en St Botolph.

miércoles, 16 de abril de 2014

Walking in London 2014 (II)

Las mañanas en Londres amanecían nubladas. O directamente lloviendo. Pero antes de que bajara a desayunar se calmaban y después disfrutaba del sol todo el día.

El segundo día tenía claro que era el día perfecto para salir de Londres. Digamos, salir entre comillas porque el lugar que escogí está en el condado de Surrey pero casi no tienes la sensación de dejar la ciudad. Me fui a Hampton Court, el famoso palacio de Enrique VIII.


Pero primero, claro, tocaba pasar por la estación. Tengo la sensación de que siempre voy a las mismas estaciones a coger el tren: debe significar que tengo algunas zonas del sur y el oeste de Inglaterra muy cubiertas y que puede que tocara cambiar... Siempre acabo en St. Pancras, Paddington y Waterloo. Esta última es la que cubre el suroeste así que hasta allí me fui, sin saber a qué hora salían los trenes ni nada. Pero parece que la fortuna guía mis pasos, que dirían los Tudor, puesto que en un cuarto de hora sale un tren a Hampton Court. Solo me falta el billete. ¡Ah! Y coger los horarios, que como todos los de Waterloo, están llenos de dibujos de corte antiguo y me entran ganas de llevarme uno de cada. Codiciosa... La verdad es que es una delicia tener la sensación de dejar la ciudad atrás y adentrarse en el campo. Hampton Court no está muy lejos pero te da tiempo a experimentarla.

Al llegar allí, como no, me perdí y me fui directa al aparcamiento de la estación. Hampton Court parece que sea un publecito pequeño pero en realidad es un barrio de una ciudad pequeñita de Surrey que toca a Londres donde están obsesionados con los cupcakes. Hay puestos de cupcakes hasta en la estación de tren. Cuando consigues salir de la estación, llegas al Tamesis y debes cruzar el puente para llegar al palacio pero, a pesar de ir sola, no pude resistirme a bajar hasta la orilla del río y hacer unas cuántas fotos. Las aguas de las inundaciones que asolaron el suroeste de Inglaterra este invierno llegaron hasta aquí y todavía se podían ver las huellas de los curiosos que se habían hecho lo mismo. No me empapé de barro, pero casi casi.



Hampton Court es famoso como palacio de Enrique VIII pero el no fue el único habitante, quizá sí el más famoso. Para empezar, diré que quien ordenó construir el palacio fue el cardenal Wolsey quien obsequió al rey con el palacio. En él vivieron Enrique y todas sus esposas, pero continuó siendo palacio real durante muchos años a pesar de que, por ejemplo, Elizabeth I no lo utilizara como residencia real. Hasta el reinado de William III y Maria II no fue ocupado de nuevo por unos reyes que vivían allí casi permanentemente. Construyeron nuevas habitaciones y jardines en otra parte del palacio. Y más adelante, Jorge I y Jorge II, con sus cortes enfrentadas, continuaron allí. Pero con la llegada de Jorge III al trono, la historia de Hampton Court como palacio real llegó a su fin y se dividió en apartamentos privados que se otorgaban a viudas y solteras como un acto de gracia y favor. Sí, gente común y corriente vivió en esta habitaciones y sus hijos y nietos jugaron en los jardines y corrieron entre los enormes pasillos. En algunos rincones de los patios aún se pueden encontrar detalles de estos vecinos y me entretuve fotografiándolos.



Como he dicho, el palacio se estructura a partir de patios, los famosos Courts, algunos más bonitos que otros (me quedo con Fountain Court, por donde dicen que se pasean varios fantasmas, y Clock Court, donde está la torre astronómica). A partir de allí, no hay palabras que describan lo grande que es y como es probable, que tengas que sacrificar algunas partes para poder ver con calma las que te interesan. Es imposible verlo todo. Yo no pude hacerlo. Y eso sin contar el frío que hacía en pleno febrero en una parte del palacio. Lo dejo para una futura visita, esta vez con mi madre, otra entusiasta de los Tudor que, cuando le conté que había estado, estuvo a punto de decir: "Yo también quiero ir".

Para recorrer el palacio poco a poco decidí recorrer las salas en orden cronológico. A la derecha, pasada la reproducción de la Fuente del Vino, está la entrada a una sala que te lleva a recorrer la vida de Enrique VIII en orden cronológico. En estas salas, las habitaciones de Wolsey, el dueño original del palacio, explican sus primeros años de reinado y su matrimonio con Catalina de Aragón a través de una sillas altas de madera que simulan tronos. La historia comienza con el ascenso al trono de Enrique y en estas primeras salas explican los años de esplendor a pesar de que, a medida que avanzas, la historia es cada vez más oscura. Una de las salas me pareció especialmente triste, pues en ella solo había un trono, el de Catalina, situado en medio de la habitación y en la pared del fondo, pintados en la pared, los nombres de todos sus hijos. Los que nacieron muertos, los que no llegaron a nacer y María. Lo cierto es que comprendes porque cada vez se fue refugiando más en la religión.

Después, me salté un siglo y medio y subí unas escaleras espléndidas que me condujeron a la sala del trono de William III y Maria II, su esposa. Lo cierto es que de William sabía muy poco y aprendí bastante sobre él durante esta visita. Por ejemplo, como era en privado, algo que me parece mucho más interesante. Le tenían que prohibir que leyera cuando estaba enfermo, pues le encantaba leer y coleccionar libros ¿a quién me suena? Pero no era demasiado amigo de hacer vida pública delante de los cortesanos, por lo que cenaba en privado.

Las salas están ordenadas a través de un largo corredor, algo que me hizo recordar Versalles, a pesar de que por supuesto, en Inglaterra tanto el mobiliario como la decoración es mucho menos lujoso. Me detuve en varios salones a escuchar más detenidamente el audioguía (al ser un palacio de pago, la audio es gratis. Pero no son tan vehementes como el señor de las Churchill War Rooms, que casi me lo colgó del cuello a la fuerza) sobretodo si explicaban detalles de la vida cotidiana del palacio y sus habitantes. A medida que avanzas, llegas a las partes privadas de la familia y más adelante, llegas al retrete, justo antes de bajar la escalera trasera, muy parecida a la de una mansión victoriana más corriente y llegas a la Orangerie, una de mis partes favoritas, una larga sala donde el rey caminaba cuando llovía. Sí, eran reyes, se lo podían permitir. Y con el sol que iluminaba la estancia era todavía más bonita mientras que por las ventanas veías los jardines, tan bonitos ellos.

Al salir de esta parte del palacio, paseando por Fountain Court, llegué a las cocinas del chocolate, en plural. Durante el siglo XVIII, los reyes georgianos y sus cortesanos experimentaron una auténtica fiebre por el chocolate así que se instalaron dos cocinas únicamente para prepararlo dirigidos por un maestro chocolatero, Thomas Tosier, que llegó a tener varias chocolaterías en la ciudad.



Siguiendo el camino recto hacia el interior del palacio, llegué a la capilla. Un lugar no demasiado grande pero que impone respeto. Catalina de Aragón se recluía aquí a rezar, aquí fue bautizado el esperadísimo hijo de Enrique, Eduardo VII y donde el cadáver de Jane Seymour estuvo de cuerpo presente hasta que se la enterró en Windsor. Paneles de madera y un techo pintado de azul y dorado precioso. Otro detalle que me gustó fue que tiene un rincón para el recuerdo de los caídos en la Primera Guerra Mundial. Los caídos que vivían o formaban parte de la comunidad del palacio. No se limitaban a un nombre, sino que había una carpeta con sus biografías, fechas de nacimiento y muerte y sus fotografías. Ponerle rostro a un caído da una sensación diferente a la habitual de solo ver nombres esculpidos en la piedra. No faltaba un enorme ramo de poppies.


Y, si hubo una parte del palacio que me fascinó, fueron las cocinas (algo raro si se me conoce). No solo por el tamaño sino por toda la arqueología experimental que se lleva a cabo allí. Los fuegos están encendidos y gracias a la audioguía aprendí muchísimo sobre la cocina en la época de los Tudor. Llegas a ellas por un pasadizo muy angosto que está lleno de almacenes en el que te mueres de frío. Si algún día os acercáis a Hampton Court abrigaos al cruzar este pasillo exterior, en serio. En la misma audioguía lo califican como una "nevera Tudor" pues era donde se guardaban todos los alimentos. Y entre las cocinas, las bodegas, donde se guardaban las centenares de botas de vino de Enrique VIII. La verdad es que me recordaron mucho aquella escena de Astérix en Britania... esta escena, bueno, sin legionarios borrachos:



Y de paso, entre tanta comida, me entraron ganas de comer un pie. En las cocinas hablan mucho de ellos y te explican, entre otras cosas, que en el siglo XVI no se comían enteros, sino que solo devoraban el relleno. El pan, el envoltorio se tiraba. Lo cierto es que si había algo que no faltaba en su dieta era la carne y en grandes cantidades. Además, tenían un raro concepto de algunos alimentos: algunos peces se consideraban aves, etc.

Así pues, los pies no podían faltar en la cafetería del palacio y comí en un comedor enorme que quien sabe quien utilizaba hace siglos. Por supuesto, de postre tuve un cupcake (no podían faltar). No me faltó la compañía pues estuve conversando con una señora muy amable a quien sus nietos habían dejado allí descansando mientras veían los jardines. Hablando de los jardines, ni siquiera pude salir, no me dio tiempo. Igual que las salas georgianas de la corte, pues no se reabrirán hasta abril. Si vais pronto a Londres y os apetece acercaros a Hampton Court, ya estarán disponibles.

Y hablando de niños, al ser febrero, el palacio estaba repleto de excursiones escolares. Algo que si hubiese sido en España habría calificado de día nacional de la excursión. Los niños ingleses en estas visitas son curiosos y preguntan muchas cosas, algo que me gustó mucho y que al no poder observar a niños españoles, no puedo comparar.

Después de comer, tergiversando un poco más la cronología, fui a ver las salas de Enrique VIII, empezando por el gran comedor, algo impresionante, donde habían puesto manteles donde escritas podías leer costumbres de la época. Y al pasar a la segunda sala y girarme de repente, vi, como aparecidos de la nada, a Enrique VIII y a Catalina de Aragón (a dos actores que los interpretaban, claro). Si me llego a encontrar al fantasma del real, me caigo redonda...

Por estos pasillos, es por donde se comenta que se aparece el fantasma de Catherine Howard, la quinta esposa del rey, vestida de gris y pidiendo clemencia. Lo cierto es que es más bien una galería de víctimas del hacha de Enrique, exceptuando a sus esposas. Del primero al último aquí están todos los que el rey decidió que les iría mucho mejor si perdieran la cabeza para conspirar. Y girando a la derecha tenemos el lugar donde se celebró la última boda del rey con Katherine Parr.


Entre estos pasillos, colgados en las paredes y acompañados por una breve biografía, podemos ver documentos relacionados con las seis mujeres de Enrique. Entre ellos, la famosa carta que inculpó a Catherine Howard sobre su relación con Thomas Culpepper o el documento notarial de la última boda del rey. Y finalmente, unas escaleras te conducen al balcón donde la familia real escuchaba misa dentro de la capilla y allí hay una reproducción de la corona de Enrique. La original fue destruida por orden de Oliver Cromwell que, a pesar de que era republicano, se instaló en Hampton Court. Mmmm...

Y, por último, la tienda. Había varias tiendas pero las fui esquivando o solo entrando a curiosear hasta que llegué a la de Enrique VIII, donde cayeron algunos libros, entre ellos la guía del palacio, que me ha servido de colaboradora especial a la hora de explicaros los detalles del palacio. Un libro que puede resultar algo repulsivo pero cuando lo vio la chica de la tienda, me dijo que le había gustado mucho y era muy bueno. The Death of the Kings, con una fotografía de la máscara mortuoria de Cromwell en la portada. Repulsivo, sí, pero interesantísimo. Y todavía no he empezado a leerlo. Y también uno que hace un largo recorrido histórico por los castillos y palacios que tuvieron algún tipo de importancia durante el reinado de los Tudor, especialmente de Elizabeth. Y que creo que nos irá muy bien para el siguiente viaje a Inglaterra.

Y después de Hampton Court tocaba volver a Londres. Pero antes pude hacer una última foto desde el tren que creo es de las más bonitas del viaje. Tuve que moverme por todo el vagón para conseguirla pero quedo bien.



En Londres me fui a Covent Garden a pasear entre los puestos del interior del mercado y me encontré con la desagradable sorpresa que algunas de las tiendas con más encanto, como la de té Whittard de Chelsea habían desaparecido y en su lugar, había sucursales de tiendas de alta gama, como Chanel. Le resta encanto.
Entre parada y parada, no pude evitar en una de mis tiendas favoritas de la zona, la del London Transport Museum. Nunca he estado en el museo porque es carísimo (unas 17 libras) pero la tienda del museo es una gran tentación, sobretodo si te gusta la historia del metro de Londres o los carteles de destinos ferroviarios vintage. Ay, babeo solo de recordarlo. Esta vez tuve que tener mucho valor porque me habría llevado la sección entera de libros sobre Londres. Lo que sí me llevé fue un diario sobre la Primera Guerra Mundial que tenía muy buena pinta. Ya lo veréis en el IMM londinense.



Y después de curiosear un ratito entre las paradas, me acerqué a una librería que tenía pendiente desde hace mucho: Stanford´s, situada en Long Acre, la mayor librería de viajes de Londres. Parecida a nuestra Altaïr, pero abierta en 1853 y según lo que te cuenta, ya la consultaban Robert Falcon Scott, Livingstone, Florence Nightingale, Sherlock Holmes (incluso) y muchos más...  Con las compras de Hampton Court y el LTM casi no podía andar, pero me las arreglé para localizar muchos libros interesantes sobre Inglaterra, muy al estilo de Watching the English de Kate Fox o libros con artículos sobre viajes por el país de autores famosos, un tipo de libros que me dejan embobada. Aquí mi reto consistía en encontrar algo que estaba en mi wishlist del viaje y no era un libro, sino un mapa: un mapa de Inglaterra, común y corriente, de esos que se cuelgan en las paredes. Cuando era adolescente, me hice uno en pequeño, con las ciudades más importantes y pintado con rotuladores pero siempre he tenido ganas de uno de verdad: con los ríos, montañas, ciudades, el meridiano de Greenwich atravesando el país, etc. Pues después de dar vueltas por toda la librería, incluso mirando en la sección de mapas victorianos (¡¡¡tienen una sección de mapas victorianos!!!) y más antiguos todavía, no encontraba nada más que mapas de carreteras o mapas que debían completarse poco a poco, como si fueran un juego, y cada uno costaba más de 10 libras. Ya iba a rendirme cuando en la entrada de la tienda encontré uno precioso, del estilo de aquellos que se cuelgan en los colegios, baratísimo. Y como comprenderéis, se vino conmigo a Barcelona y ahora está colgado felizmente en mi habitación.



Y por ahora, os voy a dejar aquí. El miércoles, ya habéis visto, fue un día largo y cansado que acabo felizmente, sin ganas de leer en la cama.

Pronto tendréis la siguiente entrega. Y con ella, la reseña de aquel libro sobre Almshouses que leí para la última Readathon.

P.D. Todas las fotos son mías, exceptuando la del techo de la capilla de St. George, que viene de su propia web.

domingo, 13 de abril de 2014

Medida por medida, William Shakespeare



Y como excepción a la norma, traigo una "reseña" de Medida por medida cuando hace muy poco que la he leído. El por qué es muy sencillo:

LittleEmily el día que comienza a leer la obra: ¡Pobre Claudio! Menudo parlamento más interesante el del Duque... Me está haciendo darle vueltas a la cabeza...
LittleEmily debe abandonar la lectura ese día en el acto II porque necesita reflexionar.
LittleEmily al día siguiente: ¡Uy, qué Ángelo tiene pensamientos impuros! Lucio me encanta. ¡El Duque es un conspirador! Aunque no sé que haría yo si fuera Isabella...
Me retiro a meditar después de acabar el acto III. 
LittleEmily el viernes: Creo que hoy no pasaré de la Escena I del Acto IV pero... ¡de mañana no pasa!
Me voy a meditar otra vez. 
LittleEmily el sábado: ¡Jajajaja! Bernardino tarda mucho en salir pero ¡es fabuloso! ¡Ángelo es un hipócrita de marca mayor! La historia ¿acaba así? ¿De verdad? Creo que tendré que escribir sobre la obra antes de que me estalle la cabeza.

Medida por medida es un romance, una de esas obras que siempre había visto clasificada como comedía pero que cuando la lees, dudas que pertenezca realmente a esta categoría. Se acerca más a una tragicomedia donde los personajes sufren, pierden, se enamoran y al final, son felices (o no). Como la vida misma, vamos.

La historia transcurre en Viena, en una fecha que nunca nos dicen, pero que imagino que será contemporánea a la escritura de la obra (principios del XVII). El Duque Vicentio debe marcharse de la ciudad y decide dejar su puesto a cargo de Ángelo, un sabio de la ciudad. Confía en que será capaz de poner en práctica unas leyes que han quedado olvidadas. Una de ellas debe acabar con el vicio en la ciudad así que cualquier hombre que conviva con una mujer sin estar casados será ejecutado. Esto es lo que sucede a Claudio, que cuenta con su hermana Isabella, a punto de ingresar en un convento, para pedir clemencia por él y convencer a Ángelo. Pero éste, que se siente (mmm, ¿cómo decirlo? excitado, tentado (poned el adjetivo que más se adecue) le pide que se acueste con él a cambio de la vida de su hermano. Aquí tenemos el argumento básico de la obra y el punto de partida de la historia.

Según la guía de los personajes dramáticos de Shakespeare, Medida por medida se puede interpretar de dos maneras: una de ellas es la farsa, otra se podría llamar drama pero también tragedia. Para mi, está más cerca de la tragedia que de la comedía. La condena a muerte de Claudio, la negligencia de Angelo, la fortaleza de espíritu de Isabella se acercan más a los grandes personajes trágicos de Shakespeare. Pero determinados hechos del tercer y sobretodo, el cuarto acto, me hicieron replantearme un poco esa visión. Y al final he acabado hecha un lío. Si alguien la ha leído o visto en escena, me encantaría que dejara un comentario para compartir su visión.

Por otro lado, también había leído algún comentario acerca de lo diferente que es leerla y verla en un escenario. Según el autor, se explica por los estáticos que son dos de los personajes principales, Isabella y Angelo. No estoy nada de acuerdo, al menos con Isabella: un personaje femenino tan fuerte como ella, que lucha hasta sus últimas consecuencias por salvar a su hermano de la horca, no es un personaje rígido, salvo quizá en sus creencias, algo que me parece exagerado. En cambio, sí que estoy de acuerdo con otra interpretación: la que expresa la dualidad del duque. Por él y su viaje, se originan todos los hechos. Por su incapacidad de poner en práctica leyes que serán perjudiciales contra su gobierno delega en Ángelo. Esto le convertiría en el villano de la obra. Pero a la vez, conspira con Isabella para salvar a Claudio.

Antes de leerla, la visión que tenía de la obra era oscura, de paredes, murallas y lugares cerrados. Eso continúa siendo igual. Lo que me ha llegado es la perseverancia de Isabella, la fuerza de los parlamentos y de los ideales. Además, las preguntas que nos plantea Shakespeare me han hecho reflexionar y dudar seriamente de la ética de la política, la moral, etc.

Por todo lo que os he explicado ha contribuido a que Medida por medida sea, por ahora, una de mis favoritas de Shakespeare. Los personajes, la coherencia, el trasfondo me han convencido totalmente y como veis, me ha planteado más dudas que cualquier otra obra del autor. Junto a Ricardo II, Hamlet, Macbeth, El rey Lear, Cimbelino, Como gustéis, Mucho ruido y pocas nueces y alguna más, sube a mi panteón de obras favoritas.

Y hablando de adaptaciones cinematográficas, de Medida por medida existen muy pocas adaptaciones. Pero estoy encantada de la vida porque he encontrado en YouTube todas las adaptaciones de los años 70 y 80 de una serie que hicieron en la BBC, Medida por Medida incluida. En V.O. y con subtítulos. Quizá así se me quite de la cabeza la imagen de Toby Stephens como Claudio. Y ¡oh! ahora veo a Isabella como Anna Maxwell Martin gracias a esta representación.



P.D. Cuando consiga el reto, haré un Top 5 de obras favoritas por géneros. Pero habrá que esperar...

jueves, 10 de abril de 2014

King John (El Rey Juan), William Shakespeare

Tenía pendiente desde hace mucho leer los dramas históricos de Shakespeare y por fin me he puesto a ello. Seguramente, antes de acabar 2013, tendré otro leído, Ricardo II. No lo hago por el orden cronológico en que fueron escritas si no que me he decantado a leer por en el orden cronológico de los reyes. Vamos, como lo manda la Historia.

Y como he tardado mucho, porque empecé a leer a finales del 2013, me voy a poner ya a contar mis impresiones. No serán reseñas al uso y no voy a comentar el lenguaje ni la retórica sino el argumento. Me centro en la historia, esta vez con minúscula.



Mi primera obra ha sido El rey Juan, la más antigua si nos referimos a la historia de Inglaterra, en cambio, si hablamos de puesto en la cronología del autor, debería decir que pertenece a la primera década, la de 1590. Eso explica, quizá, que la línea argumental y la complejidad de los personajes es menor. Y para que mentir, creo que podría haber dado mucho más de sí. Los personajes son interesantes, fuertes, enérgicos pero tuve la sensación que se quedaba a medio camino. No profundizar en algunas de las relaciones más potentes de la historia como la de Juan con su madre, Leonor de Aquitania, que notas que hay algo muy tirante entre los dos o como Juan con Constanza, su cuñada, o con su sobrina Blanca de Castilla, a quien se quitan de en medio con muchas ganas. Esto solo hace que me entren más ganas de leer alguna biografía suya (¡ya la he encontrado!)

Y, de paso, podría haber escrito sobre Enrique II y sus hijos o sobre la consecución de la Carta Magna, temas que tienen más jugo. Pero se decanta por escribir sobre el intento de invasión de Inglaterra por parte de Francia durante el reinado de Juan: el rey Luis apoya a Arturo, hijo de Constanza y uno de los hermanos de Juan, Godofredo y quiere que Juan abdique en él. Juan se resiste, a pesar de que los problemas le desbordan: los barones de su país le obligan a firmar la Carta Magna antes mencionada, su madre Leonor le desprecia, etc.

Constanza es seguramente mi favorita de la obra. Ella y el Bastardo. Constanza está decidida a conseguir para su hijo el trono de Inglaterra y siendo un poco vulgar, pone a caldo a su cuñado Juan en cuanto tiene la menor ocasión. El Bastardo es sobrino de Juan, por parte de su hermano Ricardo Corazón de León y es acogido y mimado por el rey en la corte. Acaba convirtiéndose en un guerrero que se enfrenta a los franceses durante ese intento de rebelión.

En fin, mi conclusión es que es una obra que vale la pena leer, como cualquier obra de Shakespeare, pero le falta profundidad en los personajes y los secundarios, por su fuerza histórica, podrían haberse aprovechado muchísimo más.

La siguiente obra que comentaré, Ricardo II, está igual que esta, fuera del reto. A partir de Enrique IV ya forman parte de él.

viernes, 4 de abril de 2014

Diferentes visiones de la vida




Me han dicho muchas veces que soy rara. De hecho, yo misma me etiqueto como tal. Tengo un concepto de la vida no extraño pero sí peculiar. 

Por un lado, soy muy dinámica y mi cabeza, mi mundo interior bulle de ideas. Por otro, no soy capaz de llevarlas a cabo. Cuando veo vuestros blogs siempre acabo pensando que me gustaría cambiar esto o esto otro, pero ahí se quedan las cosas. En la cabeza. E igualmente llevo años diciendo que me gustaría aprender a montar vídeos o me gustaría ver más series o ir más al cine pero nada. Me falta voluntad. Y por otra parte, a la hora de leer libros que nadie más lee o apuntarme a retos me sobra. Soy contradictoria por todos lados. Y tengo una fiebre intelectual que desborda y que a veces, creo que soy la única que la tiene. 

Recuerdo que hace ya muchos años, con una amiga, escribimos un texto describiéndonos la una a la otra. La esencia no ha cambiado, esas ganas de aprender siguen ahí y junto a ellas las dudas y la falta de valor para cosas que se consideran importantísimas en esta vida. Otras, por supuesto, han desaparecido o han evolucionado. En realidad, todos cambiamos con los años pero espero que no cambiemos en lo que es verdaderamente importante. De momento, tengo una cosa clara. Solo espero que el resto se vaya aclarando con el tiempo. 

Y me gustaría volver a practicar ese ejercicio de describirse ahora, con treinta y un años. A ver qué saldría ;)

P.D. Sé que a veces se hacen pesados este tipo de textos pero cuando empiezo a escribir uno no soy capaz de parar. Y no os puedo prometer que se vayan a acabar pronto. 
Por cierto, no sé que pasa con blogger que muchos no podéis comentar y yo misma no puedo comentar en algunos. Comento y al publicarlo se ha borrado. Grrrrr... continuaré trabajando en esto pero teniendo en cuenta que no tengo ni idea de informática, no os puedo prometer nada. 


miércoles, 2 de abril de 2014

¿Qué he leído en marzo?

Ya con esta entrada, me pongo al día de los ¿Qué he leído en...? Marzo ha sido un mes difícil si hablamos de salud: me he pasado dos semanas sorda con una otitis y un resfriado de aúpa. Normalmente, al volver de un viaje, me cuesta volver a situarme pero esta vez ha sido todavía más difícil y he estado casi todo el mes fuera de juego. En fin... con la Readathon me volví a situar un poco con las lecturas en inglés y ya tengo dos libros más para sumar a la colección. Aquí tenéis la foto.



- Cartes des de l´illa de Skye, Jessica Blackmole.
- Tot el que cal saber sobre Londres, Catherine Cullen.
- El matrimonio de la señorita Buncle, D.E. Stevenson.
- The Women of the War of the Roses, Alicia Carter.
- Los últimos días de Ana Bolena, Caroline Barrio.
- El camino a Oz, L.Frank Baum, Eric Shanower y Skottie Young.
- A History of the Geffrye Almshouses, Kathy Haslam.

Tres de ellos los he leído con el Kindle así que este mes todavía aparece en las fotos. La portada que veis es la de The Women of the War of the Roses, ya que mi ebook de Los últimos días de Ana Bolena viene sin portada. En cambio, el único libro que no aparece es el cómic de El camino a Oz porque lo leí en la FNAC.

Este mes no ha habido ningún Shakespeare: al leerlos en voz alta, con un resfriado como el mío no me he atrevido. Pero ya me he puesto con el siguiente así que en abril habrá más Shakespeares. Podéis estar seguros. Además, en abril empezaré a reseñar sus obras. Lo haré de una forma diferente a la acostumbrada y a pesar de que haya alguna mala crítica, no me meteré con la forma de escribir del autor. Es indudable que es una maravilla.

Y Berwick Upon Tweed es un pueblecito pintoresco, la frontera entre Inglaterra y Escocia.