lunes, 26 de mayo de 2014

Walking in London 2014 (V)



¡Por fin! Llego el día en que ya no estaría sola. Guacimara llegaba ese viernes y yo me cambiaba de hotel así que, a pesar de que dejé las maletas bastantes preparadas, tenía que acabar de ultimar detalles. Como se me hizo muy tarde para aprovechar e ir a alguno de los lugares que tenía pensados para esa mañana, decidí coger el autobús (el 148) y apearme cerca de Curzon Street y visitar una librería a la que le tengo muchas ganas: Heywood Hill, en pleno Mayfair.

Pero como me suele pasar cuando intento fijarme una parada sin consultar demasiado los planos (me pasa en Londres, en Barcelona y en cualquier lugar al que intente ir) me pasé tres paradas y acabé en la entrada de Green Park. Justo en la entrada donde hay un memorial a los caídos de la Primera Guerra, aquellos que no eran ni británicos , repleto de ramos de poppies de papel. Algunos de los turistas que atravesaron lo miraban pero exceptuando a dos mujeres, nadie más se paró.

Y bien bonito que era ¿no?

Green Park es el parque más decepcionante de todos los que he visto en Londres. Apenas hay nada, apenas un camino para pasear y un huerto congelado (por supuesto, era febrero) pero no hay nada que te impulse, incluso cuando haya buen tiempo, a estirarte bajo los árboles y leer un buen libro o hacer un picnic. Y los londinenses deben pensar lo mismo: no encontré a nadie, solo hordas de turistas que salen del metro en la parada del mismo nombre y lo atraviesan en dirección a Buckingham Palace. Incluso hice una foto. ¡Ah! Y la farola en medio del camino, me hizo pensar en Narnia.



Y ya que estaba allí, decidí atravesar Green Park y ir directamente a Hatchard´s y a Fortnum & Mason. Como ya os comenté en el primer capítulo, Fortnum & Mason está abierto desde 1715 y lleva trescientos años siendo visitado por la aristocracia, alta burguesía y ahora todo aquel que pueda pagar sus precios. Los turistas japoneses arrasan con las latas de té más bonitas que pueden encontrar, las cajas de galletas, etc., etc. pero claro, una se conforma con mirar y babear. ¡Ah! Y esta vez me llevé un plano de llos grandes almacenes. Entre eso y mi plano de Selfridge´s es lo único que traje de las visitas a los grandes almacenes de Londres. Mi maleta vuelve llenísima de libros y apenas queda sitio para nada más. Ojalá la próxima vez: había una lata que me encantó y resulta que era de café, puaj.

Y por supuesto entré en el portal de al lado, con media hora contada para sumergirme, cotillear y dar vueltas y más vueltas entre las estanterías de Hatchard´s, que dejé pendiente en la entrada I de este viaje. Pero me gustó tanto la librería que el tiempo pasó... y cuando quise darme cuenta, tenía que salir corriendo a por la maleta.

El escaparate que le dedican a Ravillious, uno de mis pintores favoritos.

Es una librería en la que vale la pena detenerse. Paneles de madera y libros, muchos libros. En la planta baja no solo hay los libros sobre Londres, una sección en la que me gusta detenerme y curiosear atentamente puesto que hay bastantes libros que valen la pena: recorridos sobre el Londres victoriano, los escritores más famosos de la ciudad, de momentos de sus libros... Esta vez destacaba por encima de todo un panel dedicado a ejemplares de lujo, los de Folio Society, en particular a clásicos infantiles. Aún estoy maravillada con ellos.

Este escaparate es de agosto pero es para presentaros a Folio Society. 

En el primer piso nos encontramos con ficción. Y cuando digo primer piso, quiero decir primer piso. Eso sí, dividido en las secciones habituales: Fantasía, Ciencia-Ficción, etc. Además, hay una sección dedicada a los libros de Everyman, una editorial que publica todo tipo de clásicos y de narrativa contemporánea.




Ahora mismo, Hatchard´s es una sucursal de Waterstone´s (está muy bien surtida) pero tiene un espíritu propio que se ve al comprar cualquier libro. Su bolsa y sus marcapáginas son especiales, de color verde oscuro, muy parecida a Harrods pero con una historia todavía más larga. Se fundó en 1797 y por ella seguro que pasearon Charles Dickens, Thackeray, Oscar Wilde y muchísimos autores más. Además, la Royal Academy está justo delante así que me imagino que los artistas prerrafaelitas también pusieron sus pies en ella alguna vez.

Al salir corriendo porque se me ha pasado la hora, vuelvo en metro hasta el hotel y me llevo el susto de mi vida al atravesar el comedor de desayunos en busca de la maleta. ¡La señora vietnamita con el salón a oscuras sigue en la mesa de todas las mañanas! Estoy a punto de saltar pero me contengo y saludo con un Good Afternoon en el que todavía noto el susto.

Y finalmente, después de luchar con un enorme atasco de tráfico de hora punta en Tottenham Court Road, con mujeres que ocupan con los cochecitos de sus hijos medio autobús y con el niño más diabólico y más cabreado que he visto jamás (recordaba a aquellas películas de El niño diabólico de cuando era pequeña) llegué al nuevo hotel en Bloomsbury para... quedarme encerrada con la maleta y la bolsa en la puerta giratoria. Suerte de Guaci... porque si fuera por la mirada del conserje, me deja ahí hasta que me pudra.

Y después de la comida y una sobremesa en la que un frapuccino de vainilla y la constante lluvia casi me fastidian la garganta, nos acercamos a la British Library a ver la exposición permanente. Si no habéis estado allí nunca, tienen manuscritos de muchos de los grandes autores de la literatura británica: Jane Austen, Virginia Woolf, Charlotte Brontë, Angela Carter... Uno de los First Folios de Shakespeare, manuscritos de canciones de los Beatles, etc. Vale mucho la pena acercarse. Pero aquel día coincidimos con que la sección estaba cerrada por obras. Decepción e igualmente, nos colamos en la tienda, confirmando el hecho de que es un antro de perdición. Particularmente, creo que es una de las tiendas de museos más peligrosas porque te lo llevarías TODO y nos costó bastante salir de allí. Creo que lo hicimos porque al día siguiente volvíamos jajajaja.

Era casi media tarde así que nos acercamos al hotel de nuevo a dejar las cosas y prepararnos para el gran acontecimiento del viaje. ¡Ah! ¿Qué no lo he comentado antes? Hubo un gran acontecimiento para organizar la escapada a Londres. Cuando voy con Guaci, acostumbramos a ir al teatro. Nada de musicales, de hecho no he visto ningún musical todavía en el West End. En cambio, hemos ido a ver grandes obras, clásicos del teatro británico y todas... protagonizadas por Matthew MacFadyen. Teniendo en cuenta que no es uno de mis actores favoritos, he ido a ver las obras de teatro que ha montado en Londres en los últimos años. Eso sí, gracias a Guacimara y también a Patricia.


Esta vez nos tocaba Jeeves & Wooster, una obra basada en los personajes e historias de P.G. Wodehouse. Un clásico inglés en toda regla. MM (para abreviar) interpreta a Jeeves, el mayordomo capaz de sacar a su señor de cualquier lío. Y Wooster se mete en muchos líos, creedme. Y sus amigos, un grupo de snobs de clase alta, también. La obra está basada en una de las novelas de Wodehouse, El código de los Wooster, donde Bertie Wooster debe recuperar un objeto de anticuario que su tía iba a comprar pero se le adelantó... y a partir de ahí Jeeves y Wooster nos cuentan la historia como quien cuenta un cuento a sus hijos antes de dormir. Pero con mucha ironía y con mucho cachondeo por parte de ellos. Además, otro detalle que nos alucinó era la manera que tenían de cambiar de escenario en un momento. Reímos muchísimo y eso que habíamos leído la novela con anterioridad para saber exactamente todo el argumento, nos perdimos cosillas. Pero igualmente lo pasamos genial. Y esta vez, por el frío, nos saltamos la tradición de un helado en la media parte.
La mirada de Jeeves lo dice todo.
Antes de la obra, recorrimos Cecil Court, deteniéndonos en casi todos los escaparates bajo la lluvia y haciendo fotos, comentando detalles de ellos, etc. Si no habéis paseado nunca por Cecil Court, tenéis que hacerlo: es una calle peatonal justo al lado de Charing Cross llena de tiendecitas: de ilustraciones antiguas, de primeras ediciones, de figuras... Si los precios no fueran altos, estar seguros de que habría caído alguna cosita en algún viaje.


Y después de tanto trajín y tanta lluvia, que no nos dejo en toda la tarde, es hora de volver al hotel y a dormir. Suerte que esa noche pudimos dormir...

PD. Todas las fotografías son mías, exceptuando la de la gran escalera de Hatchard´s que la he sacado de uno de mis blogs favoritos y que si sois amantes de los libros y las librerías no os podéis perder, The Matilda Project. Y la de Jeeves y Wooster fue publicada en el diario The Telegraph y es de Alastair Muir.

5 comentarios:

  1. Después de estos posts sobre tus viajes a Londres me entran unas ganas locas de volver allí con una lista entera de sitios por visitar... Y además hoy que llueve tanto en Barcelona...

    ¡Un abrazo!

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  2. Cómo me están gustando estas entradas y que gozada de ciudad! En verano siempre suelo viajar con una amiga y andábamos viendo a dónde podíamos ir y decíamos que regresar a Londres siempre era buena opción y yo pensé "si lo hacemos me sé un sitio de dónde voy a sacar un montón de ideas :)". Además me gusta porque ves un poco de todo y sitios que me encantaría conocer porque me parecen muy interesantes!

    Y qué guay el teatro!! Aunque yo te tengo que confesar que con lo que me gustan los musicales caería en uno con los ojos cerrados. Este año pude ver 'El fantasma de la ópera' en Broadway y aún estoy flipando!!!

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  3. Qué ganas tengo de volver a Londres =)
    Me encantan estas entradas.

    Besotes

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  4. aventuras y desventuras variadas! que gustazo de viaje!

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  5. ¡Hola!

    Adoro tus entradas de Londres y me son muy útiles a la hora de conocer nuevos lugares :) Me los apunto todos para cuando vaya la próxima vez y ahora mismo me paso por el blog que recomiendas :)

    ¡Un beso enorme!

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