lunes, 21 de abril de 2014

Walking in London 2014 (III)

Esta vez voy a empezar haciendo un pequeño retroceso en el tiempo... El miércoles por la noche, en el tiempo de la BBC avisaron de que no esquivaría la lluvia un día más. Vamos, que el jueves iba a llover que daba gusto y no me olvidara de las botas de agua. Qué gran error...

El día comenzó exactamente como el anterior: lluvia de madrugada y antes de desayunar pero después... nada de nada. Y yo todo el día con las botas de agua. Mi resfríado, el que me ha tenido tumbada estas últimas semanas, empezó aquí. 



Pero no adelantemos acontecimientos. Este día tenía pensado alejarme por una vez de las hordas de turistas que en febrero son casi inexistentes, solo turistas sueltos y por los lugares que me acostumbro a mover, no se ve ni un español a kilómetros. De hecho no vi ningún español hasta el sábado. Reincidiendo en aquello que os conté en la introducción. El lugar que había elegido es un lugar bastante popular entre los ingleses y aquellos que buscan música indie, no, en cambio, para aquellos que solo buscan los lugares más famosos de la ciudad. Me refiero a Hackney. Más bien, Hoxton puesto que en el camino atravesé los dos barrios. Hackney es uno de los barrios más de moda de la ciudad y Hoxton, en cambio, es uno de los que, históricamente, peor fama ha tenido. Yo iba hacia este sitio tan bonito del que os hablé durante la Readathon de Isi, Geffrye Museum, el museo del mueble y de interiores de Londres que, justo este año, cumple su centenario.

Para ir a Geffrye Museum tenéis que bajar en Old Street o si vais en el Overground, en Hoxton, que te deja justo detrás del museo. Tiene más encanto bajar en la primera y así ver el barrio que últimamente se ha puesto tan de moda entre los hipsters pero que todavía, al leer sobre él, descubres que ha sido durante su larga existencia bastante violento. Ahora parece un barrio normal, quizá algo abandonado, pero bastante seguro y con curiosidades como ésta que, ahora que estoy metida de lleno en Shakespeare, me hizo mucha gracia. Eso sí, no iría de invitada ni loca a la Macbeth House. 




Por fuera, el Geffrye Museum parece una enorme fila de casas de la época de Jane Austen. En febrero está bastante apagado pero continúa siendo bonito. Lo que actualmente es el museo se construyó originalmente como una serie de casas que acogían a personas que tenían contactos o habían trabajado en la Ironmonger´s Company, la compañía de los ferreteros, y funcionó como tal durante los siglos XVIII y XIX. En sus salas se recorre cronológicamente la historia de Inglaterra a través de los muebles que amueblaban sus habitaciones pero lo mejor, es que reconstruye salas y habitaciones a partir de modelos reales de aquella época.



Finales del siglo XVII. Le hice muchas a este salón pero se ve que volví a coger mi principio de Parkinson...

Como os podéis imaginar, este salón es del siglo XVIII
Pequeños manuales del siglo XVIII para la vida doméstica


Ésta y la anterior son imágenes de una casa de la alta burguesía durante la Regencia. Cuando los sofás entraron en la vida de la gente de clase media ^_^
Los pláfones nos explican historias, detalles en las mesas o en los rincones. 
Más o menos, familia de clase media de 1870. 


Y, eso sí, me encontré con un par de escuelas haciendo una visita guiada y esta vez mientras estaba viendo la habitación de 1870, escuché las explicaciones de una de las guías a los niños. Y corroboro, me encanta el espíritu con que los niños se lo toman, preguntando, mirando las escenas con curiosidad y preguntando.



En medio de las habitaciones y sin venir a cuento, aparece la capilla de las Almshouses. En ella celebraban la misa de los domingos y se conserva como tal, aderezada con las explicaciones de las placas y los dibujos de un niño de 12 años que vivió a finales de la época victoriana en ellas y era hijo del rector, caricaturas de las señoras que vivían allí y se esforzaban en cantar los himnos. En la guía que compré explican su triste destino: como muchos otros jóvenes cayó en combate en la Primera Guerra Mundial. Su hermana escribió un diario con las vivencias de los últimos años en que la compañía de herreros tuvo allí sus Almshouses. Durante esos años, la violencia en Shoreditch había aumentado considerablemente y sus habitantes, en especial las damas, se veían insultados incluso cuando salían a los jardines. Así que, finalmente, se acabaron instalando otras almshouses en Kent y todos se marcharon allí, proceso judicial incluido.

Todo lo que os he contado acerca de las casas está explicado en un libro de historia que compré en la tienda del museo, el Geffrye Museum Almshouses. En el interior del museo hay una sala donde puedes consultar parte de los libros y revistas que tienen en su biblioteca, todo ello abierto a quien se quiera sentar a descansar un ratito o quien prefiera una consulta más amplia. Allí descubrí un libro muy interesante que, por suerte, tenían también en la tienda y que veréis pronto, en el IMM londinense.

Quizá me gustó más poder descubrir toda esta historia que el museo en sí, a pesar de que también me gustó mucho. Y me hubiera gustado poder pasear por el jardín que, ahora debe tener un aspecto mucho más florido que éste.


Y, si os apetece ir en un viaje, acordaos de consultar en su web por si coincidís con uno de los días que abren para visitas guiadas las reconstrucciones de las Almshouses, esas habitaciones en que vivían los pensionados. Han reconstruido dos, una al estilo georgiano y otra al victoriano, y se pueden visitar unas fechas concretas al mes, solo que hay que consultar cuáles son en la web. Como no, yo me quedé con las ganas.

Antes de entrar, había visto que, justo en la puerta de entrada, había una parada de autobús que llevaba hacia Liverpool Street y más allá. Para ahorrar tiempo, subí y bajé en la mismísima estación, en la que no había estado nunca. El resto del plan de aquel día incluía aquella zona, la City, lugar que siempre procuro pisar en cada uno de mis viajes porque me parece un lugar fascinante y del que todavía me queda mucho por descubrir.



Después de comer en una cafetería del interior de la enorme estación victoriana y de hacerme con un par de folletos para saber a qué horas exactamente salían los trenes para el aeropuerto del último día (mejor ser precavidas), comencé por St Botolph without Bishopsgate. Pequeñita y con un jardín encantador. Y con otro aliciente, estar al lado de una de las puertas antiguas de Londres, la de Bishopsgate. Desde que empecé a recorrer la City, he ido buscando poco a poco estas puertas, por las que se entraba y salía de la ciudad. No queda ninguna, claro está, pero me gusta imaginarlas allí, rodeadas de comerciantes, de hombres que partían de viaje, de espectadores de teatro, pues el Curtain y otros teatros isabelinos estaba fuera de las murallas, etc. Bishopsgate es una de las pocas que me faltaba y un rato después llegué a otra que tampoco había visto nunca, la de Aldgate, la más oriental de todas. Y junto a Moorgate, Newgate, Cripplegate, Bishopsgate, solo me faltan dos: Ludgate y Aldersgate. Quizá la próxima visita...



Más allá, siguiendo el camino hacia la siguiente, me tropecé sin haberlo planeado con Bevis Marks, la sinagoga de los judíos sefardíes españoles y portugueses en Londres. Lástima que llegué tarde por unos pocos minutos y el guapo guardia de la entrada me informó que ya solo estaba abierto el restaurante. Inciso: creo que si fuera inglesa iría a la iglesia semanalmente, no veas los partidazos que hay por ellas. En momentos en los que he estado cerca de una iglesia justo antes de la hora de misa, he entendido a Jane Austen y el por qué sus protagonistas acaban casadas con clergymen. En serio. Volviendo a la sinagoga, al final me quedé sin verla pero pienso volver a intentarlo. Y además, justo en su muro, es donde se encontraba la última puerta que os he comentado, la de Aldgate. Si algún día paseáis por la City buscad estos paneles azules, explicativos de la muralla. Suelen estar donde había una puerta o un fragmento de muralla.



Y finalmente, cuando ya empezaba a tener bastante frío, llegué a St Botolph Without Aldgate, justo en el límite con Whitechapel. Ahora es una iglesia de madera y piedra que destaca en el panorama visual de la ciudad y que protagoniza esta foto a la que no me pude resistir mientras esperaba el bus en la acera de enfrente.



Además, también es recordada como la iglesia de las prostitutas, en especial porque una de las víctima de Jack el destripador, Catherine Eddowes, fue vista por última vez en sus alrededores. Y porque las prostitutas la rondaban mucho en busca de clientela. Mucho antes de eso, Geoffrey Chaucer había vivido en una de sus habitaciones. Pero creo que, por encima de todo, es una iglesia acogedora. Como ya tenía bastante frío, decidí sentarme en el interior y leer un rato. Nadie me dijo nada. Entre eso, y los carteles que encontré, dando la bienvenida a todos aquellos que quisieran franquear sus muros, me sentí como en un refugio. Un refugio cálido y acogedor. Además, les interesa la genealogía y tenían números atrasados de una revista para hojear allí mismo.

Y, como excepción, no voy a hacer el tercer día completo puesto que hay mucho y os voy a dejar descansando en St Botolph.

5 comentarios:

  1. Lo dicho. Una buena guía de viajes. No conocí el barrio ni ese estupendo museo del mueble. Me han gustado los interiores, pero sobre todo ese cachito de edificio con ese jardín. Me lo anoto para la próxima visita a Londres.
    Un saludo.

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  2. Los dientes me llegan al suelo...¡qué envidia! Pero no seas tan comedida con las fotos...¡Pon más!

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  3. Me está gustando mucho la narración de este viaje, me imagino allí y disfruto como si estuviera, pero me cuesta bastante dejarte comentarios desde mi navegador habitual, no sé la razón, no me pasa con nadie más, así que sepas que te leo aún en silencio.

    Saludos ;)

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  4. Ais... me dan unas ganas de volver!!!

    Besotes

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  5. Me encantan estas crónicas londinenses!!! Había estado un par de veces en viaje express pero hasta hace un par de años no pude pararme allí una semana, que corto se me hizo, y conocerla más a fondo y al mismo tiempo darme cuenta de lo muchísimo que me quedaba por descubrir.

    Me parece una ciudad fascinante y tal y como tú nos enseñas con tantas y tantas cosas que ver y que disfrutar... qué pasada!!! el museo es genial y me ha encantado en la anterior entrada la referencia a Asterix y Obelix jajajajajaj qué grandes!!!

    Besines

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