martes, 5 de marzo de 2013

Se non è vero, è ben trobato

En esta semana en que he estado un poco alejada de escribir en mi propio blog, me he trasladado a Roma, literaria y metafóricamente hablando. Exceptuando el fin de semana, he vivido una auténtica semana romana.



Solo he estado en Roma una vez, hace ya más de diez años, y debo decir que no me gustó demasiado. También debo decir que estuve en el viaje de fin de curso del instituto y tuvimos que salir disparados de la ciudad 5 horas antes de lo previsto, de manera que paseamos por la capital, vimos las ruinas de Caracalla (atesoro todavía muchísimas fotos del momento), fuimos al Vaticano e inicié una tradición que sigo religiosamente en cada viaje que hago: subir a un lugar altísimo a pie, pisando con fuerza centenares de escaleras y contemplando las vistas a las que llego. Es como una peregrinación, cuesta un esfuerzo, porque soy de aquellas que si pueden evitarlo, no suben escaleras, y acabo disfrutando de unas vistas privilegiadas. En muchas ocasiones lo he hecho sola puesto que quien va conmigo no se atreve. Es una lástima, es sumamente entretenido, no cuesta dinero (excepto en la Abadía de Bath), se hace ejercicio, coincides con otros que se atreven a subir y hasta vives experiencias francamente surrealistas que imagino que en el Camino de Santiago también tendrán lugar. Hubo poco tiempo de más.

El detonante de esta semana romana ha sido, como os podéis imaginar, el tema de máxima actualidad del momento: la renuncia de Benedicto XVI. Como interesada que soy en los grandes temas políticos y diplomáticos de la historia, el tema del papado siempre me ha llamado mucho la atención. Amigos, el Vaticano es política, por supuesto. Hasta 1870, en que Roma se unió definitivamente a Italia, el Papa era el líder no solo religioso, sino también secular, del Estado y hacía y deshacía, se implicaba en política, recomendaba a los fieles que no votaran (esto lo he descubierto gracias a Enric González) y por supuesto, durante siglos, diferentes familias conspiraban por el poder. Los Borgia, tan famosos ellos, fueron unos de tantos.

Lo que sí es cierto es que la decisión que ha tomado el ahora Papa Emérito me parece digna de admirar, como igual lo fue la de Juan Pablo II de permanecer en el trono pese a su enfermedad, que viví de una manera más intensa puesto que he experimentado como una persona muy querida para mi se fue de la misma manera. Lo cierto es que no soy religiosa, sino que, como espero os he sabido transmitir desde aquí tengo una curiosidad natural por cómo funciona el mundo.

Aprovechando estos momentos históricos, me he decidido a releer Historias de Roma de Enric González, a pesar de lo infernal que va a ser este mes en cuestión de lecturas. A leer sobre la historia del papado como institución y sobre los Papas como personajes históricos. A ver alguna que otra película italiana que tenía pendiente y que decidí postergar porque antes de verla necesitaba repasar apuntes de aquella etapa de mi vida en la que estudié Historia de Italia Contemporánea.



Pero, por ahora, después de ver la serie de Los Borgia, no la protagonizada por Jeremy Irons, si no la producción europea, en casa nos hemos lanzado a hacer apuestas sobre el próximo Papa. No es nada que no hicieran en las casas de apuestas florentinas hace 500 años así que ahí estamos... Como no conocemos a los cardenales que podrían ser escogidos, pensamos en el nombre que pueden escoger. Mis opciones son, como siempre, las más extremadas: me gusta Silvestre, los Papas así llamados siempre han demostrado carácter y ser un poco diferentes a la masa, por otro lado, Formoso (no creo que exista alguien con narices para elegir ese nombre) también me gustan Pablo, Alejandro o Adriano, nombres fuertes de emperadores; mi madre vota por León, alguien que tiene que "arreglar" la Iglesia debe tener un buen nombre. Yo estoy de acuerdo.

Y ahora un motivo por el que no elegir Formoso como nombre. Que tu predecesor haga esto contigo.



La imagen de Roma la he sacado del blog A Trendy Life. El retrato de El juicio de Formoso fue pintado por Jean Paul Laurens en 1800. 


8 comentarios:

  1. Uno de mis sueños es viajar a Italia, se ha convertido en un sueño porque es materialmente imposible que vaya, pero espero poder ir alguna vez, a cualquieri ciudad o recorrerla de cabo a rabo. Yo si soy religiosa, si bien el último Papa no ha sido santo de mi devoción, como si lo fue Juan Pablo II. A ver a quién le toca ahora. Un besote!

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  2. ¡Confío en que una próxima visita a Roma te saque de esa impresión un tanto negativa sobre la ciudad! Puede ser sucia, caótica, lo que quieras... pero no hay mejor ciudad para un amante de la historia, donde a cada esquina siglos de de historia te contemplan.

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  3. A mi me pasó exactamente lo mismo que a ti! En Roma he estado poquitos días pero para mi nada puede compararse con Siena, Florencia, y Venecia. En cada una de estas ciudades estuve bajo los efectos del Síndrome de Stendhal; en serio ¿cómo es posible reunir tanta belleza en un mismo espacio?
    Durante la carrera, las asignaturas de Historia de Italia (aunque poquitas) me encantaronn! Si hay un libro que haya guardado como un tesoro de esos días, es el de "Las vísperas sicilianas" de sir Steven Runciman...una obra maestra!
    Y en cuanto a subir a ver el panorama...yo sou un pájaro como tu :) ya sea torre, torreta o colina, allá que voy yo para arriba jejeje Me ha encantado tu entrada. Un besito!!

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  4. También yo tuve mis dudas la primera vez que fui a Roma. Venía directamente de Florencia y Roma me dejó completamente decepcionado (lo mismo que me pasó, por cierto) al llegar a Viena tras venir de Praga. Era un cambio demasiado drástico ese aparentemente tan trivial entre la Toscana y el Lazio. Donde en Florencia todo era recogido, silencioso, ordenado, limpio, en Roma aparecía lo peor del italiano: gritón, caradura (no he visto arte igual en el mundo para saltarse una cola), ruidoso en todo (el tráfico es el paradigma).
    Pero sabía que era una falsa desilusión. Cuando volví (años después) me encontré una ciudad milenaria con una riqueza cultural difícil de igualar en Europa. Seguía igual de sucia y ruidosa, eso si, pero un español ya no se sorprende de nada de eso.
    Tanto es asi que este verano mi idea es ir de nuevo con mi mujer e hijas a que la conozcan (las niñas, mi mujer ya estuvo conmigo en el primer viaje, dado que era el viaje de novios). Y se que lo disfrutaré. La ciudad tiene mucho, mucho encanto, mucha Historia y mucho arte.

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  5. No puedo opinar sobre si Roma es linda o no, porque lo más cerca que estoy es que vivo en Roma...mi barrio se llama Roma porque fue fundado por los inmigrantes italianos.
    Así que apuestan por el nuevo Papa? Mientras no sea el famoso "Papa Negro"!
    Besos.

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  6. Qué pena tu experiencia con Roma porque en mi opinión es una de las ciudades más maravillosas que he visitado nunca, yo estuve 15 días allí y me faltó tiempo para visitar todo, es increíble la de cosas que hay que visitar, cómo cada rincón está lleno de historia, pero claro, yo hice el viaje por mi cuenta, así que me organizaba a diario por mi cuenta, no es lo mismo que un viaje organizado o en grupo, te animo a que vuelvas con tu propia ruta porque realmente vale la pena. Un besazo

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  7. Roma no es la ciudad de Italia que más me gusta, creo que principalmente por su gente que tienen un carácter poco agradable para mi gusto. Por otra parte artísticamente es un lugar maravilloso, pero ya se sabe que no todo es el escenario también hacen falta sus protagonistas.
    Un viaje organizado quizás no es lo mejor para una ciudad como Roma que necesita tiempo y espacio.
    Espero que disfrutes más de tu próximo viaje.
    Un saludo.

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  8. Visitar Roma es uno de mis anhelos... Pero de momento tendrá que esperar. Me conformo con libros y series ambientadas allí: hay tanta variedad que uno puede sentirse un poco cerca de la ciudad de las siete colinas. 1beso!

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