martes, 30 de octubre de 2012

Empezando un libro ... (III)




Ya os imagino diciendo: pero que voracidad tiene esta chica. Lo cierto es que últimamente tengo mucho tiempo libre... Pero Bolaño y yo no hemos conectado así que he decidido no continuar con él y pasar a una lectura que tenía ganas de empezar desde que compré el libro hace unas semanas (tengo pendiente un IMM que espero subir pronto).

Para la tercera entrega de la sección, nos vamos a Estados Unidos. No solo porque es el país en que transcurre la novela, si no porque es tiempo de Halloween. Este año, por una vez, me apetece leer un libro medianamente inquietante en estas fechas. El elegido es una de mis adquisiciones más recientes, Siempre hemos vivido en el castillo de Shirley Jackson.

"Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto."

Y mañana habrá entrada nueva, un enorme IMM que lleva meses en preparación :P

sábado, 27 de octubre de 2012

Empezando un libro ... (II)




Y aquí tenemos la segunda entrega de la sección. Todavía no he acabado La plenitud de la señorita Brodie (que me está gustando muchísimo) pero el libro que he empezado hoy no podía esperar más. Tiene fecha límite: el domingo. Y es de un autor que conocía de nombre pero del que nunca había leído nada: Bolaño. Ya sabéis que tengo un problema con la literatura latinoamericana...

En fin, el libro elegido de Bolaño es uno de sus libros de relatos, Putas asesinas. He elegido el primer párrafo del primer relato, El ojo Silva, y para variar, el primer párrafo de otro, Carnet de baile, donde se centra en Pablo Neruda.

"Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende." (El ojo Silva).

"1. Mi madre nos leía a Neruda en Quilpué, en Cauquenes, en Los Ángeles. 2. Un único libro: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Editorial Losada, Buenos Aires, 1961. En la portada una dibujo de Neruda y un aviso de que aquella era la edición conmemorativa de un millón de ejemplares. ¿En 1961 se había vendido un millón de ejemplares de los Veinte poemas o se trataba de la totalidad de la obra publicada por Neruda? Me temo que lo primero, aunque ambas posibilidades son inquietantes, y ya inexistentes. 3. En la segunda página del libro está escrito el nombre de mi madre, María Victoria Ávalos Flores. Una observación tal vez superficial, contra todos los indicios, me hace concluir que no fue ella quien escribió su nombre allí. Tampoco es la letra de mi padre, ni de nadie que yo conozca. ¿De quién, entonces? Tras observar cuidadosamente esa firma desdibujada por los años tengo que admitir, si bien con reservas, que es la de mi madre." (Carnet de baile). 

Me da la sensación que todavía escribiré otra entrega de inicios de libros antes de acabar el mes...

miércoles, 24 de octubre de 2012

Empezando un libro... (I)

Hoy se me ha ocurrido empezar una nueva sección del blog. Algo que he visto que muchas tenéis pero que con mi caótico sistema de lectura, ni siquiera me había planteado llevar a cabo. Hoy me he dicho: ¿y por qué no?



En resumen, aquí voy a dejar que los autores tomen la palabra y veáis si un libro, por su inicio, vale la pena de continuar. Comienzos de novelas, sí. Muchos libros se quedan sin una reseña y ésta será una manera de enseñaros qué es lo que leo en este mismo momento. Eso si, no será una sección con día fijo. Cuando comience un nuevo libro, aquí la encontraréis acompañada del cuadro fijo de la sección de Norman Rockwell. ¿Os gusta?

Pero vamos allá. La elegida de hoy es una autora que ya es un clásico contemporáneo, Muriel Spark, con una de sus novelas más conocidas (y adictivas), La plenitud de la señorita Brodie. 

"Cuando hablaban con las niñas de la Escuela Marcia Blaine, los chicos se quedaban detrás de la bicicleta con las manos apoyadas en el manillar, lo que hacía que las bicicletas actuasen como barrera protectora entre ambos sexos y que diese la impresión de que los chicos tenían la posibilidad de marcharse en cualquier momento. 
Las niñas no podían quitarse el panamá porque aquellos encuentros tenían lugar no muy lejos de la entrada de la escuela e ir sin sombrero estaba prohibido. Algunas infracciones del uso adecuado del sombrero eran celosamente observadas en el caso de las niñas de cuarto curso para arriba, a fin de que ninguna lo llevase ladeado. Pero había otras formas sutiles de moldear el ala del sombrero, distinta a la que exigía el reglamento general, consistente en alzarla por detrás y en bajarla por delante. Aquellas cinco niñas, apiñadas a causa de la cercanía de los chicos, llevaban el sombrero con un toque especial."

Dos párrafos, no os quejaréis...

jueves, 18 de octubre de 2012

La palabra heredada, Eudora Welty

Hace mucho os prometí una reseña sobre La palabra heredada de Eudora Welty y muchos la esperabais con ganas, así que por fin ha llegado. Empecé a escribir sobre ella y La palabra heredada hace meses así que voy a dejar algunos párrafos exactamente igual a como los escribí por primera vez, con nuevas adiciones. Así que perdonadme si encontráis errores de conexión entre los párrafos o errores en general...

Uno de los retos del 2012 consiste en estar abierta a cualquier región geográfica, a cualquier lectura vengan de donde vengan los autores. Si Jimmy Liao (de Taiwan) fue mi descubrimiento del invierno, aquí tenéis mi gran descubrimiento de la primavera, Eudora Welty. No hace mucho, revisando números atrasados de Qué leer en la biblioteca, vi un reportaje sobre ella en la sección de Clásicos, ya os podéis imaginar que es una de las secciones que prefiero de la revista (no voy a entrar en más comentarios ahora) y lo cierto es que me entraron ganas de leer alguna de sus obras. Welty es una autora muy completa: novelas, cuentos... pero cuando días después, entré en una de mis librerías favoritas y encontré este librito que ha editado Impedimenta, La palabra heredada, no pude evitarlo. Fui a la caja e inmediatamente, empecé a leerlo en el autobús.

Antes de empezar con La palabra heredada, me gustaría hacer una pequeña presentación sobre ella. Eudora Welty nació en Jackson (Mississippi) en 1909 y murió hace, como quien dice cuatro días, en 2002. Es una autora sureña, por lo tanto, muy desconocida en España pero muy reconocida en su país. De hecho, en Mississippi cada 2 de mayo se celebra el Día de Eudora Welty. Autores como Alice Munro, Salman Rushdie o Richard Ford la adoran pero más allá no es muy conocida. Quizá es por su condición de autora centrada en el sur de Estados Unidos, de dónde apenas se movió, pero yo creo que sus historias, igual que las de Jane Austen (que tampoco viajó demasiado durante su vida) son universales. Fáciles de leer pero a la vez muy evocadoras, tanto en sus formas como en sus descripciones. El comienzo de Boda en el delta, por ejemplo, te hace imaginar viajar en un tren con Laura, la protagonista. Los trenes también tienen su importancia en este libro.

La palabra heredada es el primer libro que leo de ella y no es una novela ni una colección de relatos, más bien, una recopilación de ensayos que ofreció en la Universidad de Harvard sobre cómo empezó a escribir y sobre la importancia de la palabra, tanto oral como escrita, en su vida. No solo la palabra, la imagen, la forma de observar el mundo que la rodeaba también están presentes (además de escritora, fue fotógrafa durante la Gran Depresión). En España ya lo había publicado hace años la editorial Montesinos pero estuvo descatalogado muchos años hasta que Impedimenta ha decidido recuperarlo en una edición corregida de aquella, algo que nos cuenta Enrique Redel en el prólogo.

Para Welty, la familia tuvo muchísima importancia en su vida. Convivió con ellos muchos años, en especial con su madre puesto que vivió con ella hasta su muerte. De sus padres aprendió el amor por los libros y las historias, algo que su familia tenía bien presente. Eudora era la mayor de tres hermanos y la única niña. A pesar de su identificación con Mississippi, ninguno de sus padres era de allí. Su padre provenía de Ohio y su madre de Virginia Occidental, se habían conocido cuando ambos trabajaban como maestros en el estado natal de su madre. Su padre era racional, práctico y siempre enfocado hacia el futuro, acabó trabajando como presidente de una compañía de seguros. En cambio, su madre, era emocional y adoraba la lectura: fue ella quien le contagió su pasión por autores ingleses como Dickens, las hermanas Brontë, etc. Lo cierto es que también va más allá y narra las historias personales de sus padres y sus dos familias, a quien personalmente me hubiese encantado conocer, en particular a su madre, que me ha parecido todo un carácter.

Los recuerdos de infancia de Welty llenan todo el libro. De hecho, gran parte del libro se compone por su infancia. Apenas menciona que se marchó a estudiar publicidad a Nueva York, justo después de acabar sus estudios en la Universidad de Wisconsin y tuvo que volver precipitadamente después de la muerte prematura de su padre en 1931. Pero no importa: sus recuerdos son tan vividos que nos encanta acercarnos a ellos: sus padres silbando a dúo La viuda alegre cuando ella era tan pequeña como para tardar mucho en abrocharse los zapatos, la colección de enciclopedias que reunió su padre para sus hijos (ahora sería un fanático de Internet y las nuevas tecnologías, seguro), las excursiones con su madre a la biblioteca Carnegie, justo en su misma calle... Os podría explicar centenares de pequeñas anécdotas que hay en el libro pero no tendrían el mismo interés.

Algo que me ha hecho muchísima gracia del libro es una de las historias que protagoniza su madre. La primera casa donde sus padres vivieron al casarse se incendió y su madre decidió salvar a toda costa sus Obras Completas de Dickens. Fue arrojando todos los volúmenes por la ventana y el padre de Eudora recogiéndolos abajo, hasta que al acabar, saltó ella y acabó rompiéndose una pierna. Más adelante, descubrimos que fueron el regalo que le hizo su padre cuando era una niña.

Podéis estar seguros que continuaré con sus lecturas. De momento, tengo La hija del optimista y he sacado de la biblioteca Las batallas perdidas. No sé con cuál me pondré primero. El primero es breve y ya he escuchado muchas buenas críticas, pero el segundo, a pesar de que son casi 600 páginas, me atrae más por su argumento.

Para acabar, aquí tenéis el último párrafo. Me ha llegado especialmente y espero que a vosotros también os llegue. Habla de ella misma y de su vida pero se nos puede aplicar a todos, a todos los que no llevamos una vida aventurera o somos tranquilos por naturaleza.

"Mi literatura nace de una vida satisfecha, protegida. Una vida así puede ser, también, una vida colmada de retos. Y todo reto serio, ambicioso, surge ante todo de nuestro interior."


Y como remate aquí está la famosa fotografía que le hizo Anne Leibovitz con un enorme abrigo marrón (o camel, que dirían los entendidos).

domingo, 14 de octubre de 2012

Los vagabundos de la cosecha, John Steinbeck

Leer mucho. Escribir sobre lo que leo, poco. Ya sabéis que esa parece ser mi máxima pero eso va a cambiar en los próximos días porque he leído cosas muy interesantes que me apetece comentar así que nadie se puede quejar de que faltan reseñas. Hoy, mientras acababa Precioso día para la boda (Cheerful Weather for the Wedding), me he dado cuenta de que últimamente he mejorado mi ritmo de lectura y de que acabo todos los libros que empiezo. Tengo muchos libros de los que hablar y he decidido empezar con Steinbeck.

Steinbeck es uno de esos autores de los que me cuesta desengancharme. Tiene una forma de narrar muy especial, de esas que te hacen sentir nada más empezar que estás dentro de la novela. Esos paisajes que describe tienen algo muy especial y estoy deseando verlos en persona...

Los vagabundos de la cosecha no es una novela, es un ejercicio de prosa, periodismo de aquel que nos gustaría encontrarnos en un periódico hoy y lamentablemente se ha perdido con el tiempo. Pero el tema pese a situarse en los años 30, es tremendamente actual. Las semejanzas entre la Gran Depresión y la crisis actual lo hacen posible.
Steinbeck publicó estos artículos en 1936 en el San Francisco News. Además, va acompañado de las fotografías de Dorothea Lange, la fotógrafa que se dedicó a retratar la cara más humana de estos vagabundos de la cosecha.

Después del Crack del 29, en ciudades y pueblos del Medio Oeste americano se experimentó una situación que puso a sus ciudadanos al límite. La sequía, las tormentas de polvo negro (Dust Bowl, las llamaban) hicieron que muchas familias propietarias de pequeñas granjas se vieran obligadas a hipotecarlas y posteriormente venderlas a los bancos y perdieran toda manera de ganarse la vida. Muchos acabaron por emigrar a California para trabajar de temporeros en los campos. California era algo así como la tierra prometida.

En los campos, las cosas funcionaban de tal manera que, para pagar sueldos ínfimos, se contrataba el doble de personal del que era necesario. El resto era una carrera contra el tiempo para conseguir un trabajo donde pudieran ganarse la vida: los temporeros viajaban en sus coches por todo el estado contra el tiempo para llegar a otro campo y ser contratados. Si eran incapaces de seguir el ritmo que se les imponía, acababan en la calle al instante.

Steinbeck no se centra exclusivamente en aquellos americanos que perdieron sus tierras: nos habla también del pasado, de contingentes de emigrantes chinos, japoneses, mexicanos y filipinos que llegaron a las mismas tierras, donde sufrieron una continua vigilancia por parte de las patrullas. Su delito era ser extranjeros (el año en que llegaron grupos de filipinos se promulgó una ley en California donde se prohibía expresamente a los de raza malaya casarse con blancos) y les estaba prohibido organizarse para protegerse. Si lo intentaban, eran despedidos o incluso peor.

A los americanos también se los vigilaba estrechamente para evitar que se organizaran en sindicatos. De hecho, Steinbeck denuncia los métodos que se utilizaban para impedirlo como impropios de una democracia como la de los Estados Unidos.

La vida de un vagabundo de la cosecha era triste y dura: la única posesión que verdaderamente importaba era su coche. Sin él, había muchísimas posibilidades de morir de hambre. El dinero que ganaban se gastaba casi todo en comida. Pero los campamentos donde intentaban construir un lugar minímamente habitable para instalarse, eran verdaderos estercoleros. No tenían agua corriente (solían construirlos cerca de un río o un lago o una fuente para que no hubiera que recorrer grandes distancias para buscar agua) ni letrinas ni ningún tipo de calefacción. A menudo construían sus chozas de cartón, chatarra o matojos. Sus pertenencias se suelen reducir a la ropa que llevan puesta y solo cuentan con un colchón y alguna alfombra o manta para abrigarse. Los niños a menudo no van a la escuela, hacen novillos porque los otros niños se ríen de ellos.

No todo fue tristeza y desesperación. Algunos se dedicaron a ayudar a aquellos que no tenían medios para ganarse la vida. Pero hubo personajes como Tom Collins que se propusieron hacer algo por aquellos que vivían en campos que no cubrían con las más mínimas necesidades. Precisamente, Steinbeck dedicó Las uvas de la ira a "Tom, que lo vivió". Tom Collins era el director del único campamento de acogida que había en California y fue quien acompañó a Steinbeck en un viaje por el estado en la furgoneta de reparto de una panadería.

Como he comentado al principio, las fotografías de Dorothea Lange también tienen un enorme peso en el libro. El Gobierno Federal la contrató para documentar la situación en que vivían los inmigrantes así que acabaron siendo un complemento perfecto para esta obra. Ponen los pelos de punta... Y la última foto que colocó aquí, una de las fotografías más famosas de la historia, Madre inmigrante, nos desvela todos sus secretos.




Si no habéis leído nunca nada de John Steibeck es un buen libro para empezar y adentrarse en lo que creía y en su escritura.

Y, mientras tanto, ya tengo Las uvas de la ira en la cabecera de la cama...

La fotografía de la cubierta proviene de la web de Libros del Astoroide, las fotografías de Lange del blog Antioquia - interiorismo: http://antioquiainteriorismo.blogspot.com.es/2010/09/dorothea-lange.html

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Cómo van los retos? Recuento




Llevo semanas proponiéndome hacer un recuento de los retos que me he marcado este año y así de paso os pongo al día a vosotros. Estamos en octubre y si me descuido, llego a final de año antes de ver cómo van. Igualmente, voy marcando mis progresos en la columna de la derecha para no descuidarme de nada.

¡Manos a la obra! Los que van más adelantados son el Reto 75 libros, del que ya llevo 68 libros ( el  90%) y el Reading Challenge de Good Reads, donde me marqué leer 85 libros este año y como en el anterior, llevo 68. Aquí es solo un 80%. Estos son los más sencillos, cada libro que leo suma un número más. 

Los demás retos, excepto el de Clásicos y el Reto Genérico, no han progresado adecuadamente.



Del reto que nos propuso Valeria basándose en las lecturas de Rory Gilmore, la idea era leer 10 libros durante este año. De momento solo he sido capaz de leer 1, La campana de vidre de Sylvia Plath. Para tener más opciones, he decidido ampliar la lista a los 340 que en principio lee Rory durante toda la serie para tener más libertad de opciones. Aquí tenéis la entrada en cuestión.

Los Clásicos progresan adecuadamente: de 6 clásicos, llevo, de momento, 2. Hubo un tercero en la lista de lecturas pero fui incapaz de acabarlo a pesar de su brevedad. Ya sabéis que los clásicos no me asustan y ya tengo en las manos algunos más, previstos para antes de que acabe el año.

En cuanto al Reto Genérico, tengo asumido que no lo acabaré: sobretodo, porque tendría que leer 5 novelas policíacas y 1 thriller antes de que llegue Fin de Año. Tengo unas cuantas categorías ya completas y otras a punto de acabar, pero no creo que pueda leer nada de novela negra. Es un género que me cuesta muchísimo. Con decir, que no he podido leer nunca ninguna novela de Agatha Christie...

El Reto 2012 de Meribélgica, al que intento apuntarme todos los años, este año está más negro que nunca. Leer un libro por cada franja horaria del planeta. De 24, llevo 11, casi la mitad, sí, pero a medida que vas avanzando las elecciones se van complicando. Me faltan zonas difícilísimas, como el Pacífico, Siberia, Kazahstan... Tengo previstas algunas que encajan con las que me faltan pero no creo que llegue a los 24. No me importa, tengo asumido lo difícil que era llegar al final...

El Reto Continental es casi una versión resumida del de Meribélgica y espero poder con él. Queda África, Australia y América del Sur, sin contar la Antártida. Quizá el más difícil por mis gustos personales es América del Sur. Excepto un par o tres de países, el resto me provocan indiferencia y con su literatura, me pasa igual. No quiero decir que les tenga manía, quizá el día que me decida a leer algo me impresionen pero de momento no es el caso. En fin... África ya está elegido, Australia está en vías y la Antártida también. Así que alguien se decide a recomendarme alguna novela no demasiado larga ambientada en Sudámerica, se lo agradeceré.



Y si hablamos de retos que me simplifiquen las lecturas por fechas, A Century of Books progresa, no como esperaba, pero progresa. De hecho, es difícil elegir las lecturas por décadas: a día de hoy, solo hay tres décadas completadas: 1930, 1960 y 1980. Se me ocurren lecturas que me apetecen ahora por algunas de las que me faltan pero sobretodo, me cuesta elegir un libro de la década de los 90. Igual que América del Sur, si me podéis abrir una luz al final del túnel...



Y finalmente, llega mi mayor vergüenza: no he sido capaz de leer ninguna novela victoriana este año para el Victorian Challenge. Si no lo consigo, lo dejaré para el año que viene, quizá esté más inspirada. Eso sí, espero poder leer algo más antes de que el 2012 llegue a su fin, 1 o 2...

Espero poder contaros que he acabado algún que otro reto. ¡Deseadme suerte!

viernes, 5 de octubre de 2012

Reflexions of Mary Postgate

Después de mi adicción a Los juegos del hambre (después de tres días con la saga acabada, todavía me dura) he empezado un nuevo libro. Cuentos de la Gran Guerra, OTRA colección de relatos sobre la Primera Guerra Mundial (algunas, como Luciana, puede que eleven los ojos al cielo y se pregunten por qué me gusta tanto leer sobre el tema, otras, como Nit, lo apuntarán en la wishlist en el mismo momento). De momento, solo llevo cuatro leídos pero ya hay uno que me ha hecho pensar y reflexionar. Vamos, es el que os traigo hoy. Cuidado, voy a destripar gran parte de la historia.

Mary Postgate es un relato de Rudyard Kipling, el autor de El libro de la selva y ambientado (gran parte) al principio de la guerra. Y para no engañar a nadie, es un cuento que alentaba al conflicto. Es el tema principal   y el que hace que esté dentro de esta recopilación, en particular por su final. Pero me apetece comentarlo poco a poco porque, a pesar de ser un relato, hay muchísimo fondo.

Un retrato precioso de Kipling y sus enormes cejazas, visibles a varios kilómetros. Obra de Ricardo Vecchio.

Mary es una dama de compañía de cuarenta y tantos años, callada y muy trabajadora, a las órdenes de una dama soltera, Miss Fowler. En algo más de veinte páginas nos explican como Miss Fowler se hizo cargo de un niño, pariente suyo, que había quedado huérfano, Wynn, un niño odioso, odioso de verdad. Mary se desvive por él y procura que no le falte de nada, mientras él se dedica a maltratarla de manera sistemática durante todos los años que vive allí. Otro de los temas del cuento: el maltrato psicológico. Puede que Mary no se considere casi una persona, algo que parece un rasgo propio pero lo cierto es que años de maltrato psicológico llevan a esa consecuencia. También, algo que he visto en muchos libros donde aparecen sirvientes, no sólo en la época victoriana, es un tratamiento común de los señores respecto a sus criados. Algunos no los consideraban casi seres humanos. Vamos, olvidaos del buen rollismo que existe en Downton Abbey entre arriba y abajo: los Crawley son casi abuelos de los hippys. Quizá es uno de los motivos que me ponen de los nervios cuando veo la serie.

Volviendo al cuento, Wynn, al estallar la guerra, se alista como piloto y por supuesto, al hacer la instrucción a unos kilómetros de casa, se presenta allí cada dos por tres, para adiestrar a Mary en el odio a los alemanes, a los que llama "malditos paganos" y reclamar cosas: que le suban la asignación, más ropa, etc. Y por supuesto, continuar el maltrato. Cada vez Mary ignora lo obvio y hace como si nada. Hasta que llega la noticia de la muerte de Wynn durante un vuelo de entrenamiento: Miss Fowler, a quien el chico nunca le había importado demasiado, decide inmediatamente deshacerse de todas sus cosas: ropa, fotografía, todo tipo de pertenencias personales. A Mary, a pesar del cariño que sentía por el chico, ni siquiera se le ocurre quedarse algo. Saca todas las pertenencias de Wynn y las lleva al incinerador. Se dirige al pueblo a buscar petróleo y alli sucede algo que no os explicaré (no lo voy a explicar todo, así puede que aún os queden ganas de leerlo). Al volver al incinerador, descubre por accidente a un soldado alemán escondido en un árbol y sucede algo que nunca hubieses pensado que la señorita Postgate fuera capaz de hacer.

Además del clima bélico presente en todo el cuento y del maltrato, me he encontrado con un tercer tema que ahora mismo está presente en todas las sociedades: la anulación del ser humano como individuo y como parte de una colectividad que puede ser fácilmente manipulada por un gobierno (o por unos líderes) al servicio de una idea, algo que puede ser el inicio de una sociedad totalitaria ¿no os parece?

En fin, para acabar colgaré parte de un diálogo con algunas de las frases más interesantes:

" - ¿No piensas algunas veces, Mary? - preguntó de pronto."

" - Me temo que no soy una gran conversadora. Como dice Wynn, no me alcanza la inteligencia para ello. Espere, que le quito el sombrero."

" - Mary, ¿acaso eres tan sólo una dama de compañía? ¿No has querido ser nunca otra cosa?
- No - respondió, tras meditarlo -. Creo que nunca he pensado en otra cosa. Pero supongo que es por mi falta de imaginación."

Por cierto, Kipling acabó escribiendo relatos que apostaban por una reconciliación, sobretodo después de la muerte en combate de su hijo John. Hay una película sobre este momento de su vida (BBC, of couse) donde aparecen Carey Mulligan, Kim Cattrall y Daniel Radcliffe. Ya hace mucho que no os enseño ningún trailer, éste está comentado por Cattrall: