domingo, 14 de octubre de 2012

Los vagabundos de la cosecha, John Steinbeck

Leer mucho. Escribir sobre lo que leo, poco. Ya sabéis que esa parece ser mi máxima pero eso va a cambiar en los próximos días porque he leído cosas muy interesantes que me apetece comentar así que nadie se puede quejar de que faltan reseñas. Hoy, mientras acababa Precioso día para la boda (Cheerful Weather for the Wedding), me he dado cuenta de que últimamente he mejorado mi ritmo de lectura y de que acabo todos los libros que empiezo. Tengo muchos libros de los que hablar y he decidido empezar con Steinbeck.

Steinbeck es uno de esos autores de los que me cuesta desengancharme. Tiene una forma de narrar muy especial, de esas que te hacen sentir nada más empezar que estás dentro de la novela. Esos paisajes que describe tienen algo muy especial y estoy deseando verlos en persona...

Los vagabundos de la cosecha no es una novela, es un ejercicio de prosa, periodismo de aquel que nos gustaría encontrarnos en un periódico hoy y lamentablemente se ha perdido con el tiempo. Pero el tema pese a situarse en los años 30, es tremendamente actual. Las semejanzas entre la Gran Depresión y la crisis actual lo hacen posible.
Steinbeck publicó estos artículos en 1936 en el San Francisco News. Además, va acompañado de las fotografías de Dorothea Lange, la fotógrafa que se dedicó a retratar la cara más humana de estos vagabundos de la cosecha.

Después del Crack del 29, en ciudades y pueblos del Medio Oeste americano se experimentó una situación que puso a sus ciudadanos al límite. La sequía, las tormentas de polvo negro (Dust Bowl, las llamaban) hicieron que muchas familias propietarias de pequeñas granjas se vieran obligadas a hipotecarlas y posteriormente venderlas a los bancos y perdieran toda manera de ganarse la vida. Muchos acabaron por emigrar a California para trabajar de temporeros en los campos. California era algo así como la tierra prometida.

En los campos, las cosas funcionaban de tal manera que, para pagar sueldos ínfimos, se contrataba el doble de personal del que era necesario. El resto era una carrera contra el tiempo para conseguir un trabajo donde pudieran ganarse la vida: los temporeros viajaban en sus coches por todo el estado contra el tiempo para llegar a otro campo y ser contratados. Si eran incapaces de seguir el ritmo que se les imponía, acababan en la calle al instante.

Steinbeck no se centra exclusivamente en aquellos americanos que perdieron sus tierras: nos habla también del pasado, de contingentes de emigrantes chinos, japoneses, mexicanos y filipinos que llegaron a las mismas tierras, donde sufrieron una continua vigilancia por parte de las patrullas. Su delito era ser extranjeros (el año en que llegaron grupos de filipinos se promulgó una ley en California donde se prohibía expresamente a los de raza malaya casarse con blancos) y les estaba prohibido organizarse para protegerse. Si lo intentaban, eran despedidos o incluso peor.

A los americanos también se los vigilaba estrechamente para evitar que se organizaran en sindicatos. De hecho, Steinbeck denuncia los métodos que se utilizaban para impedirlo como impropios de una democracia como la de los Estados Unidos.

La vida de un vagabundo de la cosecha era triste y dura: la única posesión que verdaderamente importaba era su coche. Sin él, había muchísimas posibilidades de morir de hambre. El dinero que ganaban se gastaba casi todo en comida. Pero los campamentos donde intentaban construir un lugar minímamente habitable para instalarse, eran verdaderos estercoleros. No tenían agua corriente (solían construirlos cerca de un río o un lago o una fuente para que no hubiera que recorrer grandes distancias para buscar agua) ni letrinas ni ningún tipo de calefacción. A menudo construían sus chozas de cartón, chatarra o matojos. Sus pertenencias se suelen reducir a la ropa que llevan puesta y solo cuentan con un colchón y alguna alfombra o manta para abrigarse. Los niños a menudo no van a la escuela, hacen novillos porque los otros niños se ríen de ellos.

No todo fue tristeza y desesperación. Algunos se dedicaron a ayudar a aquellos que no tenían medios para ganarse la vida. Pero hubo personajes como Tom Collins que se propusieron hacer algo por aquellos que vivían en campos que no cubrían con las más mínimas necesidades. Precisamente, Steinbeck dedicó Las uvas de la ira a "Tom, que lo vivió". Tom Collins era el director del único campamento de acogida que había en California y fue quien acompañó a Steinbeck en un viaje por el estado en la furgoneta de reparto de una panadería.

Como he comentado al principio, las fotografías de Dorothea Lange también tienen un enorme peso en el libro. El Gobierno Federal la contrató para documentar la situación en que vivían los inmigrantes así que acabaron siendo un complemento perfecto para esta obra. Ponen los pelos de punta... Y la última foto que colocó aquí, una de las fotografías más famosas de la historia, Madre inmigrante, nos desvela todos sus secretos.




Si no habéis leído nunca nada de John Steibeck es un buen libro para empezar y adentrarse en lo que creía y en su escritura.

Y, mientras tanto, ya tengo Las uvas de la ira en la cabecera de la cama...

La fotografía de la cubierta proviene de la web de Libros del Astoroide, las fotografías de Lange del blog Antioquia - interiorismo: http://antioquiainteriorismo.blogspot.com.es/2010/09/dorothea-lange.html

13 comentarios:

  1. Steinbeck, como tu bien dices es un gran narrador que pone los pelos de punta con sus historias basadas en hechos reales, aunque puedan parecer solo ficción.
    Una época dura, aunque y eso yo no lo sabía, Steinbeck parece un poco inocente al creer que EEUU es una democracia. Algo que se ha demostrado a lo largo de los años que no es cierto. Solo se lo venden a ellos mismos.
    un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Tengo pendiente estrenarme con Steinbeck, pero, cuando que hablaste de esta novela en el Café, la subí de inmediato al vagón de las futuras lecturas. Ahora, con esta entrada, tengo además una idea mucho más clara de lo que voy a encontrar y sé de antemano que me va a gustar. ¡Gracias!

    ResponderEliminar
  3. qué buena recomendación pareces traernos, lo apunto, claro. Y me alegro que tengas algunas más que hacernos, te esperamos. Un besote

    ResponderEliminar
  4. Muy interesante, este libro me llama mucho, lo buscaré, gracias por la recomendación.

    Besos.

    ResponderEliminar
  5. No me he estrenado aún con Steinbeck, pero voy a tener que hacerlo prontito. Y me parece que no va a ser con una novela, que me has dejado con ganas de leer este libro, y acercarme a ese período de la Gran depresión del que poco he leído.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  6. Qué buena reseña! Es una obra que estoy deseando leer. La verdad es que me interesa mucho esa mirada sobre el contexto tan particular que se describe (la crisis del 29).Una época durísima que sin duda da mucho para escribir. Espero hallar la obra por mis pagos. Besos

    ResponderEliminar
  7. Creo que si me meto con un libro como este, justo en estos momentos de mi vida, me pego un tiro.
    Besos.

    ResponderEliminar
  8. Lo tendré en cuenta, es un autor que me gusta bastante =)

    Besotes

    ResponderEliminar
  9. No he leído nada de Steinbeck, mea culpa, lo pongo en la lista interminable y emepzaré por este libro....

    ResponderEliminar
  10. Las fotografías de Lange en este libro tienen una fuerza enorme.

    La historia es periodísticamente impecable.

    Y Steinbeck, es Steinbeck, claro.

    Una obra excelente.

    ResponderEliminar
  11. Comencé Las Uvas y lo tuve que dejar porque me deprimía bastante su lectura. Comprendo que no todo puede ser felicidad pero ese dolor sin razón me enerva. Besos

    ResponderEliminar
  12. Muy interesante. Me encantan las fotos, no pueden decir más...
    Me gusta mucho el estilo de Steinbeck y su denuncia del "fallido" sueño americano. En Las uvas de la ira continúa con su denuncia de los métodos de industrialización, las leyes de immigración, etc, etc. Genial cómo utiliza el lenguaje, buenisimas sus descripciones de la naturaleza, sus símiles.... Seguro que te encanta. Muy criticado el final, a ver qué te parece a ti. Desde luego para mi una muy buena novela.
    No me leí Los vagabundos de la cosecha. Me la apunto para futuras lecturas.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  13. Q bueno es Steinbeck, uno de mis autores favoritos, y adoro las fotografías de Dorothea Lange que tan bien le van a sus novelas. Esta no la he leído así que queda apuntadísima. Espero que te guste Las uvas de la ira, es una novela increíble. Bsos

    ResponderEliminar