sábado, 23 de junio de 2012

El Londres dickensiano, preolímpico y postjubileo (I)




El bicentenario de Dickens era algo que sabía que bien vale un viaje a Londres, a pesar de ser año olímpico y del Jubileo de Diamante de la Queen Elizabeth. Así que, teniendo en cuenta que ha sido un viaje bastante improvisado por causas ajenas a nuestra voluntad, nos fuimos cuatro días. Y después de todo, lo podría definir con una palabra: extraño. Quizá ha sido por lo precipitado que no he podido preparar bien todo lo que me gusta llevar a mano, me refiero a algunas notas sobre lo que vamos a visitar o algunas rutas preparadas para hacer a pie. Puede que en las guías haya, pero me gusta diseñarlas en función de lo que vamos a ver así que había lugares muy emblemáticos de la ciudad que casi se nos escapan por no ir lo suficiente documentada.

Estos días Londres está revolucionado y se nota: a veces no podíamos llegar a nuestro destino en metro porque había tramos de varias líneas cortadas, de obras. Toda la ciudad se está poniendo a punto para los Juegos Olímpicos del mes que viene. Entre eso y la lluvia, tuvimos que cambiar de planes varias veces. Pero no voy a adelantar acontecimientos... empezaré por el principio, que se ralentizó por un retraso con el vuelo: pasajeros en el de al lado, con destino a Liverpool que no aparecían.

Los aviones me provocan dos sentimientos: adoro el inicio del vuelo, cuando la sensación de elevarse te provoca un vacío en el estómago pero odio las interferencias por el dolor que me provocan en los oídos. Durante el viaje de ida sentí las dos pero no fue nada comparado con la vuelta del último viaje a Vigo en noviembre, cuando el oído derecho se me inflamó tanto que pasé sin oír varios días. Y por el camino, como siempre, una lectura: esta vez no empecé ningún libro nuevo, llevé All Clear, que tenía abandonada reposando sobre la mesa de noche y que sabía que cualquier día me volvería a atrapar. Y, en efecto, lo hizo. Además, con una de esas curiosas coincidencias: parece que 2012 es el aniversario de muchísimos autores, intérpretes, matemáticos... Leyendo la revista de la compañía aérea mencionaban el centenario de Alan Turing, uno de los matemáticos que se hizo cargo del proyecto Enigma (primero), luego llamado proyecto Ultra. En el libro aparece Turing en Bletchley Park casi atropellando con su bicicleta a uno de los protagonistas. No sabíamos que las casualidades iban a ser la tónica del viaje.



Cada vez que voy a Londres, intento fijar un eje temático sobre el que gire el viaje: el año pasado no había uno general pero acabaron surgiendo dos: uno sobre Samuel Pepys y el otro alrededor de la Regencia, en particular a través de dos de sus figuras literarias: Jane Austen y John Keats. Este año estaba muy claro: tema victoriano, por supuesto, e intentaríamos centrarnos lo más posible en Charles Dickens. Pero ha surgido también un tema secundario, la Segunda Guerra Mundial, a través de la lectura que llevé y de lugares que nos iban apareciendo por el camino. Y por supuesto, el reinado de Enrique VIII (más conocido en casa como Enriquito) que siempre intenta hacer su aparición sea como sea. Nosotras como fans de los Tudor, encantadas.

Y, por cierto, como en todos los viajes victorianos, contamos con la presencia invitada de un actor de Hollywood nada victoriano pero que siempre acaba por colarnos alguna de sus películas: Clint Eastwood. Igual que en aquel viaje que hice hace dos años con Patricia y Guacimara, donde mientras ellas hacían cola en las afueras del teatro, yo me quedé en el hotel y bajé a la salita victoriana donde en la tele ponían una película de Eastwood. Es muy extraño estar en una sala completamente decorada al estilo victoriano con una televisión donde ponen una película de Clint Eastwood (una de acción de principios de los 90, no un western, que fue lo nos pusieron esta vez). Y, por supuesto, en un viaje victoriano no podía faltar la lluvia.

En este viaje hemos estado muy limitadas geográficamente: lo más al oeste de la ciudad que hemos pisado ha sido el Soho: mucho Charing Cross, mucha (muchísima) City, mucho Bloomsbury, Clerkenwell, Lincoln´s Inn. Hemos utilizado poco el metro así que la inversión del año anterior en dos Oyster Card nos ha ido de perlas: los billetes de un día no nos salían a cuenta.

Nuestra idea era, como en cada viaje, hacer una excursión de un día y el sitio que teníamos elegido, además confirmado por la visión en el aeropuerto del doble de uno de sus habitantes más famosos. Pero eso os lo explicaré más adelante.  viendo las noticias de la BBC nos acabaron de confirmar la previsión de heavy rain para el lunes así que improvisamos planes para el día siguiente.

En fin, después del aterrizaje, tenemos nuestra primera parada en el Marks & Spencer del aeropuerto. Somos así de ansiosas con M & S, además nos moríamos de hambre y solo eran las 13.30. Creo que empiezo a entender a los ingleses y el por qué comen tan temprano. Normalmente, el primer día esperamos y comemos en el hotel o en Russell Square, el ya famoso parque que está delante pero esta vez no pudimos: devoramos la comida en el mismísimo tren. Y al salir de la estación de Saint Pancras, aprovechamos para dar un paseo que nos bajó la comida.

Pero las Oyster Card que os comentaba arriba al principio no resultaron tan buena idea: cuando llegó el momento de recargarlas por primera vez, llevar esta idea a la práctica se convirtió en un infierno. Probamos todas las máquinas de Russell Square y ninguna era capaz de leer bien las tarjetas. Cuando decidieron hacerlo, era imposible que aceptaran la recarga. Solo pudimos recargar una y mi madre tuvo que comprar un billete... Dentro tampoco tuvimos suerte: nuestra intención era, impacientes como somos, ir ya a la exposición de Dickens and London, uno de los principales motivos del viaje. Pero al bajar nos encontramos con varios carteles que indican que el tramo de la línea Central desde Marble Arch hasta casi la Torre de Londres está cerrado por obras así que tuvimos que improvisar una nueva visita porque si teníamos que dar la vuelta y hacer otro transbordo no nos daba tiempo a llegar. En fin, encaminamos nuestros pasos hasta...

Charing Cross y en concreto, la National Portrait Gallery. La vi en aquel segundo viaje que hicimos con Patricia y Guacimara hace dos años, pero allí nos dedicamos a ver los retratos que más nos gustaban: la Regencia, la época victoriana y pasamos un poquito por encima del siglo XX. Esta vez, en cambio, lo pudimos ver todo, incluidas algunas salas especiales. Lo que no vimos fue la exposición dedicada a la imagen de la reina Elizabeth, puedo asegurar que para los ingleses el Jubileo no está tan pasado. Como muestra, un balcón que vimos en Southbank. Si hablar de que todas las tiendas estaban repletas de recuerdos del Jubileo y en muchos pubs conservaban la decoración típica de triángulos azules y rojos.



Volviendo al National Portrait Gallery, dimos varias vueltas hasta empezar cronológicamente por los Tudor (como toca) pero al final de todo nos encontramos con una pequeña sorpresa: había una exposición temporal con varias esculturas de los reyes Plantagenet y un poco más avanzado el tiempo, otra sobre las dos mujeres que cambiaron el destino de Inglaterra: Charlotte (Carlota) la hija del Príncipe Regente, quizá si no hubiera muerto tan joven, nunca hubiéramos oído hablar de la otra: la reina Victoria. Las láminas que exponían iban desde la boda de Charlotte, que solía identificarse con Marianne Dashwood de Sentido y sensibilidad, a la boda de Victoria y Alberto. Vimos el retrato de un conde de la época de Elizabeth I con un enorme parecido con mi hermano (algo que él todavía no cree porque soy incapaz de encontrar el retrato en cuestión en la web, snif, snif). Y la foto del mes, que no es otro que Alan Turing, el matemático del que os he hablado antes.

Y, por supuesto, llegamos a la época de la Regencia tranquilamente, deteniéndonos delante del pequeño retrato de Jane Austen, comentando las bondades físicas de Constable, en mi caso, y de Lord Byron, en el de mi madre. Y también comentando el famoso Kit Cat Club, que fuera de Inglaterra no es tan famoso, que en el siglo XVIII se reunía en la taberna Trumpet (entre otros lugares) y que se dedicaba fundamentalmente a la literatura y a la política. Los siglos XVIII, XIX y XX nos ocuparon un buen rato: también vimos gran parte de los victorianos y nos sentamos a descansar delante de los retratos de Charles Dickens y las Brontë.



Mi madre, a quien le gusta mucho Dickens pero apenas conoce a las Brontë, empezó a hacer preguntas sobre los retratos y a quejarse de que el famoso retrato de las hermanas se le notan las marcas de deterioro por haber pasado muchos años metido en un cajón. No le conté la historia completa pero no creo que le hubiera gustado demasiado. Finalmente, fuimos a ver los retratos del siglo XX, con algunos de los miembros más conocidos del grupo de Bloomsbury, entre los que no vimos a Virginia Woolf.

Después de una breve visita por la tienda, en que encontré esta preciosidad que se vino después a casa: una colección de reproducciones de documentos de la Segunda Guerra Mundial, carteles, folletos de información sobre qué hacer en caso de ataques con gas, recetarios para alimentar a una familia con el racionamiento, etc. Incluso lleva un marcapáginas muy bonito sobre la necesidad de reaprovechar papel que, por supuesto, como mi lectura actual es All Clear, ahora mismo está entre sus páginas. Y salimos a disfrutar de una tarde soleadísima en Trafalgar Square con muchísima gente en manga corta y tomando el sol en los bancos.



Lo malo fue que el hambre nos apretaba y una merienda se hizo imprescindible así que después de dar un par de vueltas a la plaza nos metimos en Waterstone´s de Trafalgar Square en busca de un Costa, se ve que desde el último viaje nos hemos vuelto asiduas. Un par de zumos, un trozo de pastel y un muffin nos trajeron un ratito de tranquilidad. Y nos permitieron contemplar a un par de lectoras más, ¿recordáis la chica que leía a Danielle Steel? Yo misma, al ser la primera planta muy pequeña, me atreví a hacer una rueda de reconocimiento: estaba toda dedicada a viajes, pero incluía una mesa y una estantería dedicadas a la ciudad de Londres, desde todos los puntos de vista, especialmente del histórico. Así que me senté allí mismo en el suelo y parece que quedé integrada en el lugar tan bien que algunas mujeres me preguntaron dónde estaba el baño. Mientras tanto, me acabé llevando dos libros de historia de Londres: uno sobre la historia de la calle Fleet (más conocida por haber sido la sede de la gran mayoría de prensa británica) y otro, que nos iría muy bien en nuestro periplo dickensiano, con varias rutas por su Londres. Igual que el año pasado aprovechamos muy bien la guía de placas que compré en la tienda del London Transport Museum.



Y como no sabíamos dónde ir exactamente, nos dedicamos a subir por una de las calles más famosas del mundo en lo que a libros se refiere, Charing Cross Road. Pero, de repente, tuve un antojo (no de embarazada, pero sí algo similar): "¿Por qué no vamos al Soho?" Lo cierto es que, a pesar de todas las veces que he ido a la ciudad, nunca había estado en él. En realidad, vimos muy poco: unas cuantas calles, que nos hicieron gracia por llevar el nombre en inglés y en chino, y llegamos a las puertas del único parque que hay, Soho Square. Y de allí bajamos y volvimos a Charing Cross, donde compramos algún que otro regalo especial, más fotos (como fan de Cantando bajo la lluvia no pude resistirme a hacerme algunas fotos en la puerta del teatro donde se representa el musical) y como no, nos metimos de cabeza en una de mis librerías favoritas, que cerraba a las 21h.



La librería en concreto (seguro que muchos ya lo habéis imaginado) es Foyle´s. En la visita del año pasado me di cuenta de que, cada vez que iba a Waterstone´s Piccadilly, salía con pocas cosas, encontraba cada vez menos libros que me interesaban, además de ver como las secciones que encuentro más interesantes cada vez tenían menos espacio, sin contar la horrorosa transformación de la sección de literatura infantil y juvenil donde la literatura teenager tiene cada vez más peso. Esta vez ni hemos pasado por allí. Hemos ido directamente a Foyle´s que, además, estaba muy cerca de nuestro hotel. Y allí es un no parar :P
Mi madre siente un terror instintivo hacia mis compras literarias y decidió sentarse en un sillón de la planta baja mientras yo subía a la segunda planta, donde tienen varias secciones que me interesan: historia, arqueología, biografía. En fin, suele ser un lugar donde paso mucho rato y me gusta muchísimo la sensación de pasillos inacabables donde nunca sabes por dónde saldrás, suerte que tengo controladas las salas donde está la historia inglesa. Tuve suerte: varias biografías, entre ellas la de Pepys (finalmente tuve que dejarla allí aunque no descarto que cualquier día venga conmigo via Amazon o Book Depository), el último libro de Virginia Nicholson en bolsillo, un clásico inglés del XVIII y alguna cosilla más, que ya veréis en el IMM 12 (aún en fase de redacción). Por supuesto, cayeron unas cuantas postales, de esas que me gusta utilizar de puntos de libro de tanto en tanto, allí las tienen preciosas.



Y después de comprar y dar vueltas por toda Foyle´s, un lugar en el que, a veces, me gustaría pasar toda una tarde o un día revolviendo estanterías, nos fuimos paseando hacia el hotel tranquilamente, tropezando con un montón de carteles de musicales: parece que este año se han vuelto locos adaptando clásicos infantiles, Matilda de Roald Dahl es uno de ellos y también es inminente el estreno de El león, la bruja y el armario. Pero de la que estuvimos más cerca es de Rock of Ages que, no dio tiempo de entrar ningún día, pero que tengo que ver la próxima vez que vaya. Parecía un concierto de rock de verdad, todo el público coreando las canciones, me pareció impresionante y eso que solo lo escuchamos desde fuera. Grabé un vídeo para la ocasión antes de que se acabara la batería de la cámara pero al no saber como subirlo, os cuelgo un vídeo de la versión original de Broadway.



Y, por supuesto, ya sabéis que en nuestras noches londinenses no podemos alejarnos de la tele, por si acaso hay algo interesante en los canales de la BBC, ITV, Channel Four... pero esta vez la primera noche la dedicamos íntegramente a la Eurocopa (y yo que no pensaba verla).

Continuará...

17 comentarios:

  1. Que envidia! Me encantaría poder visitar Londres algún día, pues es una de mis ciudades literarias predilectas.

    Y qué mejor que visitar la Ciudad en el bicentenario de Dickens, tal como tú dijiste.

    Buena entrada! =)

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  2. Qué chulada de viaje... ya nos irás explicando poco a poco.
    Por suerte os salío el sol algun dia, la foto es preciosa.
    Yo que te he visto volver de Londres con un bolso lleno de libros con exceso de peso, no me extraña que tu madre tenga pánico a tus comprar literarias! Además luego hay que "entaforar-los" en casa!
    Besos!

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  3. Gracias, Little Emily, mientras te leía, he vuelto a las sucias calles londinenses, y he atravesado una de mis calles favoritas. Sabes que es una calle que considero terriblemente especial.
    ¡¡Que nunca habías estado en el Soho!!...guardo recuerdos en esa placita...y me encanta entrar en su la Iglesia de San Patrick...es preciosa.
    Ha sido una crónica excelente, y para haber tenido que ir cambiando de planes, os ha salido un viaje maravilloso. Estoy deseando ver lo que adquiriste en Foyles...Cuando fui en Febrero, los ingleses estaban muy "jubilosos"...y preolímpicos...y aún estabamos empezando el año!!
    Han restaurado ya la casa de Dickens?? Bueno, como paseaste por la zona de Bloomsbury...¿llegaste a Persephone?? Ya nos contarás.
    Un viaje precioso, Little Emily...lleno de momentos de esos que tú sabes muy bien como rescatar.
    Un abrazo!!

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  4. ¡Cómo me gusta esta ciudad! Si te alejas de las típicas rutas turísticas, tiene tanto por descubrir. Uno de los últimos sitios que he visitado y me ha encantado fue la zona de Old Street, su mercado de las flores, los mercados de comida, y ese ambiente medio alternativo. Merece la pena. Un beso.

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  5. Deliciosa crónica, que dan muchas, muchas ganas de hacer un escapada londinense. ¡Y los musicales! ¡Qué gozada! Espero ansiosa la siguiente entrega.

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  6. ¡¡Maravilloso!! Se nota que disfrutaste de la ciudad de las cosas que viste...¡Bravo! Si no fuera por esos momentos...todo sería más aburrido ¿verdad?
    Perfecta crónica viajera con la que me entran unas ganas enormes de volver a Londres y ver toooooooddddddo lo que me falta...Por cierto...
    ¡Me chiflan tus planificaciones, mezcla de curiosidad, literatura , conocimientos y una alta dosis de apasionamiento!
    ¡Buen finde y ... queremos más!;-)

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  7. ¡Qué buen viaje! Al compartirlo con tanto detalle bien narrado es como si se viajara también, al menos en la imaginación.

    Gracias y espero la continuación!

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  8. Gracias por este recorrido por Londres, una ciudad que me encantaría visitar. ¡Qué me gustan estas fotos de las librerías! ¡Y cuántos musicales! ¡Qué envidia!
    Besotes!!!

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  9. Aunque Londres no encabeza la lista de los lugares que deseo visitar, me ha gustado mucho el recorrido que has contado, por momentos me imaginaba paseando por las calles, y rebuscando por la librería...
    GRacias por compartir tu experiencia.

    Y...estoy deseando ver el próximo IMM para ver que joyas te has traído.

    Saludos ^^

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  10. Excelente crónica de viaje!
    No conozco el otro lado del charco, pero me imaginé caminando por Londres.
    Besos.

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  11. Se ve que lo disfrutaste aunque no fuese todo lo planeado que hubieras querido, te seguimos leyendo.


    Petó

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  12. Me alegro por ese viaje tan bello!
    Besotes

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  13. Ooh que envidia! Londres es uno de los sitios que me encantaría visitar. Me ha encantado la crónica del viaje y estoy esperando las siguientes.

    Un beso!!

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  14. El pequeño retrato de Jane Austen allí, tan humilde en aquella esquinita... Qué ganas de volver!!
    Besines,

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  15. Que maravilla de viaje, se nota que ya lo conoces y que vas con gente que lo conoce y te puedes permitir el lujo de elegir donde ir. Que ganas de volver.

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  16. ¡¡Vaya entrada!! No te imaginas lo mucho que me ha gustado leerla, ha sido como plantarme brevemente en Londres.

    Me he reído especialmente con lo de M&S. Yo siempre me siento muy tentada por el del aeropuerto, aunque me resisto (no sé por qué), pero también me ocurre que es llegar y adaptarme un poco a los horarios de allí. A hora que aquí pienso que es demasiado pronto allí ya estoy deseando hincarle el diente a algo, preferiblemente de M&S ;)

    Felicidades por la entrada, de verdad. Y gracias también.

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  17. Ha sido un gozo leerte, sentí que casi hice el viaje contigo.
    Me hiciste reir con lo de Enriquito...y ¿cuál es la historia completa de ese retrato tan maltratado de las Brontë?
    Un beso,
    Ale.

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