lunes, 28 de febrero de 2011

De Oscars y ángeles

Mientras escucho la ceremonia de los Oscar* por la radio**, como es tradición desde que tenía doce años y no podía casi dormir la noche en cuestión, se me ha ocurrido hacer una entrada y sobre un tema del que he hablado poco.

Hay muy pocas series españolas que me enganchen. Series británicas, americanas o catalanas (algunas, no todas) no tengo problemas pero las series que se producen en Madrid me cuestan muchísimo. Hay muy pocas de las que tenga buenos recuerdos: 7 vidas (la primera parte en especial, donde aparecía Javier Cámara) o ya más recientemente, La señora. Ahí se acababa mi lista... hasta ahora. Señores y señoras, Ángel o demonio me ha conquistado.




Barcos, internados, adolescentes... no son lo mío. La lucha ancestral entre el Bien y el Mal, sí.
Los primeros minutos de la serie no son demasiado buenos pero va mejorando a medida que avanza. Los personajes que en este tipo de series o películas de adolescentes no suelen estar demasiado perfilados pero en los cuatro primeros capítulos veo que los principales, Valeria, Damián, Natael e incluso Alexia son bastante interesantes y como mínimo, no dan la rabia que dan otros. Y a medida que van pasando los capítulos, las tramas van ganando en complejidad. Tengo ganas de ver más.
¿Alguien ha leído algún libro relacionado con los ángeles y los demonios que pueda recomendar?

* Justo en el momento en que estamos, ya ha ganado uno de mis favoritos, Christian Bale. Y por descontado, Toy Story 3 ha ganado en la categoría de Mejor Película de Animación. Yo tenía ganas de que ganara The Illusionist, de Sylvain Chomet. Como me gusta muchísimo este director y como adelanto de la entrada que le voy a dedicar en unos días, os dejo aquí el trailer de "The Illusionist", cuyo guión está basado en una idea original de Jacques Tati:




**La radio y lo mucho que la escucho para determinados acontecimientos como el fútbol daría para una entrada completa.

Y para acabar la entrada, tengo que deciros que estos días del mes de febrero en los que no entraba en vuestros blogs ni dejaba comentarios me he dado cuenta de lo importante que se ha vuelto el blog para mí desde que lo puse en marcha, en mayo de este año ya cumplirá su tercer año de vida. No voy a dejarlo (de momento).

miércoles, 23 de febrero de 2011

Esto es Nueva York, E.B. White

web de Francesco Parisi

Y llegó la reseña del primer libro del año. Neoyoquino, para más señas. Si recordaís las felicitaciones navideñas que puse, os haréis una idea. Lecturas como éstas me ayudan a seguir soñando, ya que en estos momentos no puedo coger un avión ni siquiera un tren.

Primero de todo, hay que seguir un pequeño consejo. Dadle al play. Puede parecer muy tópico pero el mensaje que da la canción es muy parecido al del libro que voy a comentar.




Cuando me encontré con él en la biblioteca, no conocía al autor, simplemente me dejé seducir por el título: Esto es Nueva York. Después caí en que era el autor de Stuart Little y de un libro que he descubierto muy recientemente, La telaraña de Carlota. Además, de sus aventuras con libros infantiles, fue uno de los colaboradores más importantes de la revista New Yorker.
E.B. White llegó a Nueva York durante los años 20 decidido, como muchos de los que pisan la ciudad por primera vez, a cumplir un sueño. Coincidió justo con la época en que Dorothy Parker y su círculo vicioso pasaban las horas en el Algernon, grupo del que se hizo amigo.

En la década de 1940, justo en la postguerra, volvió a la ciudad desde su retiro en Maine para escribir un reportaje para la revista Holiday sobre cómo había cambiado Nueva York. En aquel momento en la ciudad están en plena ola de calor veraniega. Es lo único que no me apeteció seguir al pie de la letra: mejor leerlo en invierno, al calor de la mantita que no en verano, donde las temperaturas por aquí son más altas que las que White menciona. En sólo 60 páginas, nos lleva a Nueva York y recorriendo algunos de sus rincones más famosos y otros que no lo son tanto, además de descubrir poco a poco a sus habitantes, incluidos aquellos que hacen como Don Draper: levantarse cada mañana e ir en tren a la ciudad a trabajar mientras que al atardecer realizan el proceso contrario, desandar lo andado. Para él, los mejores son aquellos que han llegado a Nueva York y que tenían como meta vivir allí, son aquellos que la revitalizan día a día.

Leyendo un artículo que aparece en la revista Altaïr dedicada a la ciudad, menciona Llibert Ferri que, justo en 1947, el año en que fue escrito, Nueva York se había convertido en el faro de la esperanza de la civilización occidental. Las ciudades europeas estaban prácticamente en ruinas, intentando recuperarse de una guerra que las había destruido casi en su totalidad. White ve la ciudad en el proceso que la convertiría en la gran capital que es ahora, una ciudad llena de publicidad, de luces de neón... y no le gusta. Roger Angell, autor de la introducción y editor en aquellos momentos de la revista Holiday, donde se publicó originalmente, piensa que si White pudiera volver a visitar la ciudad ahora, quedaría horrorizado por cómo ha seguido evolucionando aunque, eso sí, seguiría encontrando lugares como Central Park que le gustarían.

Después de leerlo, estoy convencida de que deseo ir a Nueva York cuanto antes.


Acabo con una imagen de "Un día en Nueva York", una película de Gene Kelly, con quien pasé horas y horas delante de la televisión de niña y que hizo lo que pudo (metafóricamente) para enseñarme a bailar. Como decían en la canción, "New York, New York is a wonderful town".

P.D. Si quereís ver más fotos de la época, en la revista Life tienen un enorme archivo. Buscad New York en Life.com

lunes, 14 de febrero de 2011

Febrero

Febrero está siendo un mes muy extraño. Igual que lo que llevamos de 2011. Si enero fue cuesta arriba, febrero se ha convertido en una caída libre y sin frenos. Hace sólo dos entradas expliqué un poco cómo me sentía, las cosas se han complicado un poco más. Eso sí, he leído todos vuestros mensajes de apoyo y comprensión y me han llegado al alma. ¿Eso demuestra que no soy un témpano de hielo, verdad?

Llevo unos días bastante débil (y no sólo por los virus estomacales que he tenido) y sin ganas de pensar en nada. Sin pasar por los blogs que tanto disfruto leyendo o pasando y cansándome al leerlos así que no puedo dejar comentarios en ninguno. Llevo dos días con una lectura muy absorbente y que me pide lo mejor de mí, El carrer de les Camèlies de Mercè Rodoreda. Me gusta muchísimo Rodoreda y tengo ganas de hablar de ella con calma. Y de los otros libros que he ido leyendo durante este año. Pero de momento me lo tomo con tranquilidad y los iré subiendo poco a poco.

Y, como hago últimamente, voy a acabar con una canción. Mallorquina, ya que un mallorquín acaba de triunfar en los Goya, y que me da muy buen rollo (la canción, no Villaronga) y subtitulada que el català balear es un poco difícil de pillar si no lo has escuchado nunca.




P.D. Intentaré pasarme por los blogs dentro de unos días. Paciencia para todos.

Por cierto, tengo por colgar también un par o tres de premios. Más paciencia...

lunes, 7 de febrero de 2011

Dos cumpleaños


Esta mini-entrada de hoy es para felicitar dos cumpleaños, de dos hombres importantes en mi vida que casualmente, se llaman igual y cumplen años el mismo día.

El primero es mi padre, 62 años el día de hoy, del que no tengo permiso para colgar ninguna foto., además de que no tengo escáner para hacerlo.

Y por otro lado, hoy es el aniversario del señor Charles Dickens. 199 años, estamos a un año justo del bicentenario. Ya estoy pensando en qué organizarán los ingleses para celebrar su memoria.

¡Felicidades a los dos!

viernes, 4 de febrero de 2011

A veces...

A veces pienso que no me dejo conocer, que los demás creen que soy como un muro de hielo, que no participo lo suficiente en nada, que lo que me pasa me lo busco yo solita.
Sé que no tengo iniciativa, que no me conozco lo suficiente para saber exactamente qué es lo que quiero, que parezco más fuerte o más valiente de lo que en realidad soy, que soy demasiado impulsiva pero que, a la vez no me decido a luchar por lo que de verdad quiero, que soy demasiado indecisa, a veces demasiado pedante, que me cuesta mucho llamar por teléfono, que... mil cosas.
Hoy me he sentido triste ¿se nota?


miércoles, 2 de febrero de 2011

La casa de los mil pasillos, Diana Wynne Jones


Seguimos en el reino de la fantasía: primero leí Reckless, Carne de piedra, después me pasé a Harry Potter i les reliquies de la mort para tener el argumento bien fresquito para la película y finalmente, llegué a La casa de los mil pasillos, de Diana Wynne Jones, con el que la editorial Nocturna nos ha bendecido este año. Digo bendecido porque ya era hora de que esta autora inglesa llegara en condiciones.

Diana Wynne Jones se hizo más conocida en España gracias a la adaptación que hizo Hayao Miyazaki del relato que da inicio a esta saga, "Howl´s Moving Castle" (aquí, El castillo ambulante) pero ha escrito otra saga, por la que es muy conocida en Inglaterra, las Crónicas de Chrestomanci, del que no ha llegado ninguno a España. La autora tiene vínculos profundos con el mundo de la fantasía, además de recibir clases de los mismísimos C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien en Oxford (¡qué envidia!). Debo decir que si no has leído ninguno de los otros dos libros de la saga, El castillo ambulante y El castillo en el aire, puedes empezar con éste sin problemas. Si has leído alguno de ellos o visto la película, reencontrarás a personajes como Sophie, Howl o Calcifer, el demonio de fuego.





El libro nos explica la historia de Charmain Baker, una chica adicta a la lectura y a la que han educado para comportarse de forma respetable que, de pronto, se ve envuelta en una aventura que ni se espera cuando su tío abuelo William, uno de los magos más importantes del país, se marcha de su casa para curarse de una enfermedad y ella debe quedarse como encargada de la casa. Allí no estará sola: pronto, llega Peter, un joven que viene a convertirse en el aprendiz del tío William, además de Waif, una perrita muy glotona que encuentra en la casa. El título del libro se refiere a la casa del mago William, donde depende de que manera gires en el pasillo puedes ir a parar a las habitaciones, al baño o a habitaciones mucho más recónditas e incluso encontrar el camino a la mansión del rey.

Al introducirse en ella por primera vez, descubres un mundo donde la magia es algo habitual a pesar de que ciertas personas de clase alta, como la madre de Charmain, no la vean con buenos ojos. Es algo tan cotidiano que tío William, al descubrir que Charmain no sabe nada de magia, deja toda una serie de instrucciones sencillas para obtener el desayuno o el té de la tarde. Ojalá fuera tan fácil y pudieramos sacar "de la nada" un té inglés con sus scones y todo...