jueves, 27 de mayo de 2010

El mejor lugar de la casa junto al fuego...

... se le reservaba siempre al cuentacuentos.

Últimamente me he dedicado a revisionar series de mi infancia, y más desde una charla que tuve el domingo pasado ;)

Recuerdo que muchos niños del colegio cerraban la tele cuando acababa el Club Disney que, por entonces, daban los sábados por la tarde y se perdían esta maravilla. Cómo han cambiado las cosas, por aquel entonces, podíamos ver Las Tortugas Ninja justo antes de la película de la tarde y después, y a que, además, en TVE toda la tarde estaba llena de series. Creo recordar que tenía unos nueve o diez años y disfrutaba muchísimo estas historias, me encantaba que cada una proviniera de un lugar diferente. Años después, cuando conocí a la que ha sido una de mis mejores amigas, teníamos charlas memorables acerca de esta serie e intentabamos reconstruir las historias una a una. Veo que ibamos muy despistadas :)

Volviendo al Cuentacuentos, me ha encantado volver a ver los episodios y descubrir que John Hurt, justo después de ser John Merrick, fue este hombre encantador al que me hubiera encantado adoptar y sentar junto a la chimenea (y a su perro también). Además la mayoría de los actores que encarnan a los personajes de sus historias son bastante conocidos ahora: Sean Bean (Boromir de The Lord of the Rings) interpretó a un jardinero que vivía una historia de amor imposible, Miranda Richardson de bruja, Joely Richardson, Brenda Blethyn (la madre de las Benett en Orgullo y Prejuicio) o Gemma Jones.

Años después, hicieron una segunda temporada de la serie pero ya sin Hurt y con Michael Gambon (Dumbledore en Harry Potter) cambiando las leyendas por mitos griegos. No era lo mismo.

Os dejo el comienzo de mi capítulo favorito, la mayoría de cuentos se pueden encontrar por youtube:





P.D. Tengo pendiente el final del viaje, lo tengo presente.

lunes, 17 de mayo de 2010

¿Coincidencia?

¿Creeís en las coincidencias? ¿En los presentimientos?



Hace dos semanas, mientras estaba en Londres pasé por Saville Row y al llegar a la esquina con Vigo Street me sentí muy atraída por un edificio en particular: el número 8 de Vigo Street, justo donde está la placa con el nombre de la calle. Era algo muy difícil de explicar, una afinidad con ese edificio que he sentido muy pocas veces con objetos o con personas. Ni siquiera lo comenté en la crónica que empecé a publicar hace unos días, le hice una foto que con la lluvia que caía no ha salido bien.

Mientras escuchaba el fútbol esta tarde (hoy era tarde de radio) se me ha ocurrido bajar la biografía de Allan Lane, el fundador de Penguin y que aún espera su turno en lo alto de la estantería. Hojeando tranquilamente, he llegado hasta el primer pliegue de fotos y ahí he encontrado la respuesta: el edificio al que me había sentido tan atraída fue el primer local de Penguin en Londres. Antes fue el local de la editorial Bodley Head (se corresponde con el dibujo de arriba) así que siempre ha tenido algo que ver con los libros, menos ahora que es una tienda de muebles. Quizá sea el comprar bastantes libros de Penguin o que en otra vida trabajé o viví en ese local, quien sabe.

Fotos actuales del edificio se encuentran bastantes: hace mucha gracia una calle llamada Vigo Street. De la época en que las oficinas de Penguin sólo he encontrado una de los últimos años en que estuvo en el local.


martes, 11 de mayo de 2010

Paseando por Londres (I)

Llegar a Londres esta vez fue más caótico de lo esperado: una hora de retraso en el avión y al llegar allí la reserva para el autobús ya había pasado así que tuve que esperar a que me "despacharan" en un bus superpoblado con un italiano soñoliento al lado.
Y con el bus hicimos un recorrido improvisado hasta el centro de Londres, por el que atravesamos el East End, la City, Southwark, Southbank y finalmente la Torre de Londres, Belgravia y Victoria. ¡Aleluya!

Debo decir que recorrer Whitechappel en bus fue una experiencia digna de las damas victorianas que no se atreverían a poner un pie en sus calles: pasamos por delante del hospital donde conservan el esqueleto de John Merrick, el "hombre elefante" y al otro lado de la calle, el lugar donde se encontró el cadáver de Polly Nichols.

Al bajar del autobús, me quedé perdida, no sabía donde estaba, sólo sabía que tenía que bajar. Y de repente, apareció él, sólo le faltaba el caballo:



Y es que estabamos en una zona donde todo se llamaba Rochester: calle, hoteles... Además, el hotel (que no se llamaba Rochester) era de estilo eduardiano, con una salita victoriana preciosa repleta de cuadros y encima con un reloj antiguo... ayys, como lo disfruté. Una experiencia digna de Charlotte Brontë, me faltaba el miriñaque.

A partir de allí todo fue como la seda, la seda que importaban de las colonias: extranjera, me sentí completamente inglesa. Al llegar a Victoria, cojí un ejemplar del Evening Standard que fui leyendo durante el viaje en metro (vale, sí, leí la sección de deportes pero ¿quién puede resistirse a un nombre tan bonito como Craven´s Cottage, el campo del Fulham? y también sobre el homenaje que el teatro le dedicó ese fin de semana a Natasha Richardson). De ahí hacia mi barrio favorito de Londres, Bloomsbury, que me era más familiar que nunca, pasear por sus calles era como volver a casa.

King´s Cross - St Pancras - British Library. Ese era el plan para aquella tarde: Saint Pancras me impresionó, creo que es uno de los edificios que más me han impresionado de todas los viajes a Inglaterra.


Y de ahí a la British Library, rodeada de un patío enorme de ladrillo visto, tan feo que podríamos decir que está en España y no notaríamos la diferencia. El edificio ya fue polémico cuando se contruyó por ese mismo motivo. La idea era ver la exposición de manuscritos originales de autores como Jane Austen, Dickens, Thomas Hardy, Charlotte Brontë, Virginia Woolf o la Alicia de Lewis Carroll, de la que también había láminas originales del vestuario diseñado para la película de Tim Burton.


Después de la experiencia tan rochesteriana en que estaba, ver el famoso "Reader, I married him" fue algo indescriptible. Eso, y escuchar a Virginia Woolf hablar sobre la lengua inglesa.



Una biblioteca con tienda, no pude resistirme y entré a curiosear. Al final salí con dos joyitas: una colección de postales con las siluetas que diseñó James-Edward Austen Leigh para las novelas de su tía Jane y, oh my god!, una edición facsimil de la primera edición del A to Z, todos los planos de cómo era Londres justo antes de la Segunda Guerra Mundial de la que había oído hablar pero que nunca había visto en persona.

Son las 5 y 30 y los pubs empiezan a llenarse de gente mientras paseo, es un decir, rauda y veloz hacia Persephone Books. Descubro nuevas plazas y rincones y me parece que ya conozco el barrio como la palma de mi mano pero todavía me quedan cosas que ver.
Parece que Persephone es uno de mis must en Londres: es obligatorio. Llevo una pequeña lista, si no es fácil enloquecer y no saber que llevarte. Al final me decanto por: The Victorian Chaise-Longue de Marghanita Laski, Minnie´s Room de Mollie Panter Downes (me encanta como escribe, deberían publicarla aquí), The Priory de Dorothy Whipple y The Shuttle de Frances Hodgson Burnett. Dos finitos y dos gordísimos, a ver cómo los coloco en la maleta.
Por cierto, leyendo la nueva revista de Persephone, he reconocido a la chica que me atendió: es la misma que publica un cuento sobre su casita de veraneo. Qué casualidad.

Con las alforjas llenas, paseo por calles que no reconozco y desemboco en una pequeña plaza, practicámente escondida de los turistas, Queen´s Square, todo un hallazgo a un minuto de Russell Square. Me encantó, a ver si la próxima vez que vayaís a Londres os dejaís caer. Es un parque muy tranquilo y pude sentarme a descansar un ratito en soledad. (La foto que he puesto abajo no es mía, la que tengo está rodeada de obras).


Y para salir de allí, tengo que pasar por una callecita casi peatonal que desemboca en Russel Square, uno de mis rincones favoritos de la ciudad. Para mí, ya es una tradición pasear por sus jardines y desde la primera vez que fui a Londres lo he hecho.


Y finalmente, para despedirme de Bloomsbury, me dirijo hacia la Universidad de Londres donde nunca había entrado. Eso sí, previo paso, por la sucursal de Waterstone´s de Gower Street en plena zona universitaria: doy vueltas y vueltas por la zona de libros de segunda mano (aprendí las normas para vender un manual universitario de segunda mano: olvidaos de los mitos, no los aceptan subrayados y con anotaciones) en el primer piso y hojeo la sección de crítica literaria buscando un libro sobre Elizabeth Gaskell que estaba en la sección de imprescindibles de la wishlist: Elizabeth Gaskell. A portrait in letters, del que no hay ni rastro. Bueno, no hay mal que por bien no venga: acaba viniéndose conmigo One Fine Day de Mollie Panter Downes, suerte que lo encontré aquí porque en la central de Waterstone´s en Piccadilly ni rastro.


Debían ser las siete de la tarde y aunque todavía había estudiantes en clase, las fiestas ya habían empezado. Pensé: ¡Qué pronto! Y otro pensamiento que se me pasó por la cabeza fue: ¡Qué lujo! ¡Parece el British! Y, de pasada, vi una placa azul más para la colección:



Otra experiencia interesante del viernes fue el quedarme encerrada en un vagón del metro en pleno túnel justo al lado de Baker Street: los demás ni se inmutaron, fui la única que levantó la cabeza así que pensé: "¡Será algo normal!" Finalmente, cuando pude llegar a mi destino, Picadilly, empezó a llover. Me refugié, no sólo por mí, sino para hacer un encargo en Hamleys, la juguetería y sólo puedo decir, increíble. Además del encargo, subí a la planta de caramelos y me quedé maravillada con todos los que se podían elegir: acabé con una bolsita de los jellybelly que adora Cristina y que nunca había probado, y un enorme bastón de caramelo del que ya no queda ni rastro.

Mientras paseo bajo la lluvia, decido coger lo que me parece un atajo hacia Piccadilly y, a pesar de que dicen que no se encuentra fácilmente, llego a Saville Row, toda llena de sastres dispuestos a vestir de traje a los gentlemen que todavía queden en la ciudad. La mayoría ya han cerrado pero se puede ver como continúan trabajando por las ventanas del sótano, cosiendo sus trajes. Por cierto, gracias a la lluvia no recuerdo haber visto la casa del señor Phileas Fogg, el número 7 de Saville Row. El video es sobre Henry Poole, la tienda que se instaló primero en Saville Row:




Mi paseo me llevó a cruzar el patio de la Royal Academy of Arts y contemplar escaparates como el de Fortnum & Mason (estaba ya cerrado) en el que Helene Hanff intentó comer en su visita a Londres, hasta llegar finalmente a una de mis paradas favoritas: el Waterstone´s de Piccadilly. Y allí recorrí todas las secciones que me interesaron, picando de aquí y de allá, historia de Londres, historia general, ficción, infantil, clásicos, drama, biografía... buscando libros de mi wishlist y abierta a lo que pudiera encontrar, que fue mucho: una guía de placas azules (y de otros colores) de Londres, que no me llevé; varios libros sobre las Mitford, un enorme libro de tapa dura acerca de la cultura y contracultura inglesa después de la Segunda Guerra Mundial demasiado caro. Esto es lo malo: o era demasiado caro, o demasiado grande, y esta vez tenía límite de peso en la maleta, así que debía quedarme con poquitas cosas. Finalmente opté por llevarme "The Diary of a Nobody", un clásico de Grossmith que tenía ganas de leer, una biografía de Elizabeth Gaskell escrita por Jenny Uglow, la editora de A.S. Byatt; y "The Victorians" de Jeremy Paxman, del que ya me quedé con ganas en marzo.

Con todo esto bajo el brazo, llegué como pude hasta el metro de camino al hotel y aún tenía que buscar la cena. Qué horror... Cenando, hojeando mis nuevas adquisiciones y explorando el hotel, llegó la hora de ir a buscar a Patricia y Guacimara a la estación.

continuará...

lunes, 10 de mayo de 2010

We´ll Never Walk Alone

Ha llegado el final de la Premier League y hay cosas buenas y cosas malas. Para todos aquellos hinchas del Liverpool que, como yo, han quedado decepcionados con este final de la Premier:




Pero, por otro lado, felicidades a los Hotspurs que después de una temporada anterior bastante lamentable, el año que viene estarán en Champions. Por favor, que no les toque en la liguilla el Barça ni el Madrid, aunque con lo gafe que soy... :(
Para celebrarlo, un tema muy años 70 dedicado a uno de los defensas del Tottenham, Cyrill Knowles.




Y la semana que viene el final de la Liga, cuánto echaré de menos el fútbol este verano...

viernes, 7 de mayo de 2010

Baja de guerra

Mi primer post después de Londres debía ser alegre: ¡Londres me sigue hechizando como la primera vez! o algo similar. Pero no puedo: ha pasado algo que muy triste.
Veréis:

Llevaba conmigo 8 años o quizá más, siempre lo llevaba a dondequiera que fuera, incluso a todos los viajes que he hecho: ha estado en Italia, en París, en el sur de Francia, en Oxford, tres veces en Londres... Siempre, lloviera, nevara o hiciera sol mientras yo desarrollaba una adicción total hacia su persona. Pero todo principio tiene un final, aunque bien esté lo que bien acaba.



Sí, señores y señoras, mi mp3 está a punto de morir. Lo llevé a Londres y allí ha sufrido algún golpe que lo ha dejado en un estado lamentable, se ha roto la tapa de las pilas y al mínimo roce se altera y cambia de canción. No sé cuánto aguantará pero lo cuidaré lo mejor posible. Por la foto podeís ver que tiene sus años, está lleno de cicatrices. Parece un veterano de Vietnam.

Tantos años conmigo y se merecía un pequeño homenaje.

P.D. Mañana empezaré a colgar fotitos y a explicar detalles del viaje a Londres y de las librerías que visité (incluida Persephone, de la que hay novedades).