sábado, 26 de septiembre de 2009

La princesa de Cleves, Madame de La Fayette



Justo después de acabar los exámenes y tener las notas, me fui de cabeza a la librería. Tenía ganas de tener algún libro nuevo para empezar el nuevo curso con energía. Y después de dar muchas vueltas, seducida por la imagen de la corte de los Valois del siglo XVI y por la premisa de una de las primeras novelas psicológicas, me decidí por “La princesa de Cleves”. También me llevé a casa la primera parte de la conocida como Trilogía Transilvana que acaba de publicar Libros del Asteroide, Los días contados, pero esta ya es otra historia (y otro artículo).

Lo que más me atrajo de la novela en un principio, la imagen de la corte francesa es lo que me ayudó a continuar. Una de mis películas favoritas desde siempre es La reina Margot, ambientada tan sólo unos años más tarde, así que algunos de los personajes que pululan por la historia ya me eran familiares, como Catalina de Medicis (aquí La Reina), los duques de Lorena, el duque de Guisa, etc. Eso sí, la imagen licenciosa que la historiografía francesa nos ha enseñado de la corte Valois no está tan exagerada en La princesa de Cleves, ya que se menciona pero no se enseña. Si lo miro desde el punto de precursora de la novela psicológica, se me ha hecho más pesada: tantas disquisiciones sobre una relación prácticamente inexistente como la que mantienen hasta el Libro Tercero hacen que se te haga el libro mucho más aburrido. Venga a pensar sobre si la carta que recibe es para el duque o si él ama a la Delfina o no. Buuf. Massa cabòries.

Como historia, Madame de LaFayette concibió una novela preciosa. Quizá el personaje que más me haya conmovido sea Guisa: enamorado, distanciado de su mejor amigo por causa de este amor, observador del amor que nace entre la princesa y Nemours y que finalmente decide sacrificarse en una causa más noble al no poder ser correspondido. Nemours, en cambio, me parece un crápula: detrás de todas las damas de la corte (e, incluso, de la Delfina –María Estuardo-) se enamora perdidamente de la princesa de Cleves sin conocerla pero a la que somete a un acoso infinito para mantener algún tipo de relación con ella. La princesa de Cleves, a pesar de estar enamorada, no deja que su corazón domine la situación y siempre escucha a la razón en todo momento. Mejor para ella. Nemours es un acosador, lo mires como lo mires aunque esté perdidamente enamorado de ella.

Tengo pendientes dos películas que se han hecho con La princesa de Cléves como base: la primera la adaptó en 1961 Jean Cocteau, sólo su relación con la Nouvelle Vague francesa ya me atrae; las otras dos son traslados a nuestra época de la historia, una con Sophie Marceau y la segunda, titulada La Belle Personne y donde Nemours es un actor francés que me gusta mucho, Louis Garrel, que ya apareció en Soñadores.Aquí os cuelgo el cartel de esta última.


La verdad es que después de ver La reina Margot y leer La princesa de Cleves tantas veces pienso que Chigrinsky triunfaría en el siglo XVI. Pensadlo bien: cabello largo, eslavo… Sí, sigo obsesionada con el fútbol.


P.D. En la web de Nórdica Ediciones, os podéis descargar las primeras páginas del libro en pdf.

viernes, 18 de septiembre de 2009

¡Por fin!

Ya lo sé desde hace unos días pero me he esperado a subirlo aquí: la noticia es que por fin... ¡soy licenciada!




Cuatro exámenes y seis trabajos en tres días, muchas horas de biblioteca y visitas al MAC (Museu d´Arqueologia de Catalunya) sin contar el trabajo, fue duro pero ya he llegado al final. Ya veremos que sucederá ahora...

lunes, 14 de septiembre de 2009

¡Felicidades, Mr Darcy!

Aprovecho para felicitar al ídolo de muchas por la Copa Volpi que se acaba de llevar por su interpretación en A Single Man, de Tom Ford.



Ya decía la madre de Bridget que era un buen partido, sí.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

"Ven y dime cómo vives", Agatha Christie



¿Os imagináis a La dama del crimen escribiendo sus novelas mientras se dedica a limpiar fragmentos de cerámicas en un pequeño rincón del desierto de Siria?

Después de su primer (y desastroso matrimonio), Agatha Christie conoció al matrimonio Wooley en Irak, durante las excavaciones de Uruk. Para que no se aburriera, Leonard Wooley le confió a su ayudante de campo que se encargara de acompañarla durante el viaje. Este hombre se llamaba Max Mallowan y al cabo de sólo unos meses ya se habían casado. Al declararse, Max le dijo a Agatha que si se casaban, tendría que acompañarlo en sus excavaciones en el Próximo Oriente y dicho y hecho, durante los años trenta, los dos se desplazaron a las excavaciones en Siria. Picos, palas, tells, cerámicas y muchos, muchos bichos, además de jeques árabes bastante codiciosos, mujeres kurdas indecorosas (según los árabes), armenios empeñados en atropellar musulmanes, etc.

Lo mejor del libro es que no se dedica tanto a explicarnos como funciona una excavación y a los entresijos científicos de una excavación sino a cómo se vive en un lugar prácticamente desérticos donde todos los trabajadores te adoran. Literalmente. Mallowan es khwaja y Agatha su jatun, así que hay que procurar que la jatun esté comoda. Ella está de acuerdo y yo también. Es una visión muy británica acerca de cómo funciona a nivel de campo, empecé a leerla para introducirme en el tema de la arqueología de Próximo Oriente y preparme para el examen de Arqueología del Mundo Antiguo, precisamente en el temario aparecía Tell Brak y sus templos pero Agatha no nos dice si alguno de ellos lo descubrió Max cuando estuvieron en Siria. Me quedo con la duda…

Agatha ya comienza el libro con un primer capítulo dedicado a cómo preparar el equipaje para un viaje tan largo como éste: maletas con cremallera o con hebillas, ropa y sombreros y lo más importante, libros, libros y más libros. Te hace recordar lo difícil que es hacer una maleta cuando has comprado más de una docena de libros y no sabes donde meterlos.

Durante las temporadas que permanecieron en Siria, Mallowan concentró sus esfuerzos en los yacimientos de Chagar Bazar y en Tell Brak. Agatha prefería, sin ninguna duda, Chagar Bazar: encontraba la aldea de Tell Brak abandonada y la casa donde se instalaron medio en ruinas. Además, en Chagar Bazar están rodeados de todo u equipo al que cada vez vas cogiendo más cariño: Mac, el arquitecto, capaz de ignorar todas las penalidades a su alrededor mientras tenga su manta escocesa y su diario; Michel, el chofer, obsesionado con la economía, aunque seguramente querrá decir comprar un cargamento de naranjas mohosas porque había una buena oferta, y también con atropellar a musulmanes con el coche; el coronel y su coche, Poitou, al que no hay que dejarle pensar demasiado porque se puede rebelar; Mansur y Subri, los criados; el director de la oficina de correos que aparece en pijama cada vez que van a hacer alguna gestión; Hiyou, la perrita que encuentran un día en el desierto y que adoptan porque Agatha queda impresionada por su valentía, y muchos más. La ventaja de vivir en un lugar así es que estaban rodeados de gente de todo tipo en un lugar donde la muerte apenas tenía importancia y los hombres solían ser encarcelados por matar a alguien aunque, como es un asunto de honor, no les importa pasar unas semanas en la cárcel.

Max y Agatha pasaron prácticamente toda la década de 1930 en Siria, perdidos en un lugar donde no llegaban los trenes y donde sus habitantes no llegaban a saber que había una guerra, donde se podían hacer picnics al lado de un volcán extinguido y rodeados de flores. Una paz que echaron en falta durante la Segunda Guerra Mundial.


P.D. La foto de arriba es de una visita que realizaron a Tell Halaf, uno de los yacimientos más importantes de Próximo Oriente y relacionado con una de las mejores anecdótas del libro, la del vestido de color ante amarillento con losanges de corrimientos de Tell Halaf. A ver si adivináis qué color es en realidad.

P.P. D. Que el amor de Agatha y Max fue para siempre lo demuestra esta foto.